El Dr. Jason Fung descubre el código que te impide adelgazar


Ariana Omipi era una celebridad en Instagram al conseguir adelgazar 50 kg. en 7 meses siguiendo una dieta cetógenica, con alto contenido en grasas y bajo contenido en carbohidratos.

Fuente de inspiración para muchos seguidores, más de 5.000 en Instagram y 25.000 en Facebook, tuvo que ocultar el efecto rebote de la pérdida de peso que le hizo ganar otros 60 kg.

Al final decidió “abierta y honestamente” confesar que iba a someterse a un cirugía de banda grástica para reducir su estómago en un 90%. Ariana cuenta que, tras la pérdida de peso, su “constante hambre” y su lucha “agotadora, física y emocionalmente” contra la obsesión por la comida, le han llevado a tomar esa decisión por el bien de su salud a largo plazo.

Su disciplina y determinación en realizar cambios en su estilo de vida no ha servido para nada. Lo peor no es el sentimiento de fracaso, es aguantar los comentarios de los seguidores y su entorno: la gula te va a matar, no hay que rendirse y sólo persistiendo se consiguen los objetivos, etc…

La realidad es que a esta persona, y a otras muchas que consiguen adelgazar pero vuelven a engordar al cabo de un tiempo, no les falta ni fuerza de voluntad, ni son unas adictas a la comida.

La causa real por la que se produce esta situación tan común, nos la explica uno de los mejores especialistas del mundo en el tratamiento de la obesidad y las enfermedades asociadas a la misma, el doctor Jason Fung, en su fascinante libro “El código de la obesidad“.

Este médico de Toronto dedica su actividad diaria a tratar a pacientes que requieren de diálisis debido a una enfermedad renal terminal. La mayoría debido a una diabetes tipo II.

Con su práctica diaria se dio cuenta que estaba tratando los síntomas finales de una enfermedad  que se llevaba desarrollando durante muchos años, pero que no estaba atacando a las causas reales que la provocaba.

Llegó a la conclusión que la diabetes tipo 2 se podía curar con métodos naturales yendo a la raíz real del problema que la causa. Esto suponía enfrentarse con la práctica habitual del tratamiento que se prescribe a los enfermos, pero sabía que la medicina actual no está interesada en abordar las causas de la enfermedad sino sus síntomas.

A partir de ahí se dedicó a aplicar su teoría en un programa dietético intensivo consiguiendo que a los pocos meses la mitad de los pacientes dejasen de necesitar el tratamiento de insulina.

¿Cómo es posible que los médicos no estén interesados en curar a sus pacientes? No tiene ningún sentido, tiene que ser debido a alguna razón.

Según el Dr. Jason es debido a una disonancia cognitiva. Resulta muy duro aceptar que el tratamiento que prescriben no es el adecuado porque parten de dos supuestos que no son reales: que la diabetes tipo 2 es una enfermedad crónica, progresiva e incurable y que el tratamiento para unos niveles anormales de glucosa se combate aumentando las dosis de insulina.

A pesar de haber trabajado como médico 20 años descubrí que mis conocimientos nutricionales eran, como mucho, rudimentarios.

Dr. Jason Fung

Propone un tratamiento natural y alternativo que se basa tanto en su experiencia, como en la de muchos estudios realizados sobre humanos.

Personalmente los argumentos que expone me parecen incontestables y además me baso en lo que he visto muy de cerca en mi familia. Mi cuñado era una persona obesa desde niño y acabó padeciendo una diabetes tipo 2 . Hoy en día, gracias a los cambios que hizo en su vida, es un deportista de alto nivel, capaz de correr maratones y sin un sólo síntoma de la enfermedad.

¿Cual es la génesis de la obesidad?

Sencillo, dicen los “expertos“. Cuando las calorías que entran son más que las que salen del cuerpo, engordamos.

Esta puede que sea la causa inmediata, pero ¿es la última?. Saber cual es la causa última es la clave para poder tratar la obesidad y las enfermedades que ocasiona.

Si descubres que tu hijo de 16 años se mete cocaína y es un drogodependiente, la causa primera es que tiene una dependencia a una droga dura. Solución: evitar que compre droga. ¿Y la causa última cual es?: ¿en el colegio le hacen bullyng?, ¿sus amistades se drogan y le falta personalidad para decir que no?, ¿tiene una pareja de la que está enamorado hasta las trancas y le induce a drogarse?. Conocer los factores últimos que le están llevando a caer en una dependencia destructiva es la única manera de ayudarle.

Si nos centramos en buscar la causa inicial de la obesidad en razones tales como que consumimos más calorías de las necesarias y hacemos poco deporte, implica que el obeso es una persona sin capacidad de controlarse y es un vago. De ahí a discriminar a un obeso por su exceso de peso hay un paso.

Además de no ser cierto, hay una serie de factores que no se tienen en cuenta en este análisis:

  • Después de la pubertad las mujeres tienen de media un 50% de grasa corporal más que los hombres.
  • El embarazo supone un aumento significativo de peso.

¿Y a qué alimentos se ha culpabilizado de hacernos gordos?

Con el aumento de la esperanza de vida, las muertes por ataques cardíacos se convirtieron en la primera causa de mortalidad. Había que buscar un culpable y se encontró en las grasas.

Vale, comamos menos grasas. Como hay 3 macronutrientes, grasas, proteínas y carbohidratos, si comemos menos grasas que están en muchos alimentos ricos en proteínas, vamos a tener que aumentar el de carbohidratos. Carbohidratos refinados del mundo moderno.

Ahora hay un problema. Si los carbohidratos son bajos en grasas, y por tanto buenos, no pueden ser los “malos” que nos hacen engordar. Así que la solución fue acusar al exceso de calorías para no culpar a ningún alimento.

El debate entre villanos, grasas y carbohidratos, se resolvió en 1977 en EE.UU. tras la decisión del tribunal de la Comisión Especial sobre Nutrición y Necesidades Humanas del Senado.

La grasa fue la mala de la película, provocaba los ataques del corazón y además era hipercalórica.

El resto del mundo asumió pronto una decisión política, sin base científica real. Comed menos grasas y más carbohidratos. Y de ahí también surge la pirámide de la alimentación. Con la base reservada para alimentos con carbohidratos: pan, pasta y patatas, entro otros.

Las indicaciones se siguieron, y el consumo de mantequilla disminuyó un 38%, el consumo de huevos un 18%, las proteínas animales un 13% y el de los azúcares y los cereales aumentaron.

Vemos en EE.UU. el poco éxito de esta nueva “política” en materia de nutrición para tratar la obesidad:

 ¿La obesidad es un problema hereditario?

La mejor forma de comprobar el grado de importancia que tiene la genética como responsable de la obesidad es estudiando que les ocurre a los niños adoptados que tienen padres obesos. Si los factores ambientales tuviesen más importancia, está claro que deberían tener un problema de peso.

En Dinamarca llevan un registro con una información muy completa tanto de padres biológicos como de los padres adoptivos. El doctor Albert Stundkar estudió a 540 adultos daneses adoptados y no se observó ninguna relación entre la corpulencia de los padres sobre la evolución del peso del niño adoptado.

Sin embargo, la correlación entre padres biológicos y los niños adoptados era muy alta. Es decir, si un niño de padres biológicos obesos crecía con una padres delgados, seguía desarrollando obesidad.

El doctor Stundkar hizo otro estudio sobre gemelos idénticos que comparten el material genético. ¿Qué sucedía si dos gemelos separados vivían en entornos de padres delgados y obesos? Pues que el 70% en materia de obesidad es familiar.

Nos queda por tanto un 30% de factores que si están bajo nuestro control.

¿La reducción calórica es un método efectivo para adelgazar?

La alimentación deficiente basada en una ingesta baja de calorías no funciona a medio plazo.

El cuerpo humano es muy inteligente y si ve que disminuye su fuente de energía toma medidas drásticas para evitar morir. Con una disminución de calorías ingeridas toma medidas:

  • Reduce el calor corporal, sensación de frío.
  • Reducción de la frecuencia cardíaca y del volumen sistólico.
  • Disminuye la presión arterial.
  • La cognición se reduce, letargo e incapacidad para concentrarse.
  • Debilidad durante la actividad física.
  • Pérdida de cabello y fragilidad de las uñas.

En el corto plazo comemos menos y bajamos de peso. Nuestro metabolismo se ralentiza y sentimos más hambre. Volvemos a comer normal y recuperamos peso. Redoblamos el esfuerzo y el gasto energético total disminuye y el hambre vuelve con más fuerza. Tenemos frío, estamos de mal humor, con hambre y obsesionados con las calorías.

Al final regresamos a nuestro anterior estilo de alimentación, pero hay un problema.

Hemos ralentizado nuestro metabolismo tanto, que al comer como antes no sólo volvemos al peso anterior, sino que acabamos con más kilos -en forma de grasa- que antes de la dieta.

Aquí entra el componente del entorno. La “culpa es nuestra” por abandonar la dieta. Somos los culpables por falta de voluntad, por perezoso, por no saber sacrificarte. Algo injusto, cruel y falso.

Estudios de resonancia magnética muestran que ante estímulos alimentarios, las áreas del cerebro que controlan las emociones y la cognición se iluminan, y las áreas de la corteza prefrontal relacionadas con la contención disminuyen su actividad. Es decir, las personas que han perdido peso le resulta mucho más difícil  resistirse a la comida.

La realidad es que la pérdida de peso provoca dos respuestas importantes:

  • Con el fin de conservar la energía disponible, el gasto energético total disminuye de forma inmediata y con carácter indefinido.
  • La señalización hormonal del hambre se amplifica de forma inmediata y con carácter indefinido para que comas más alimentos.

En resumidas cuentas, la estrategia evolutiva sólo tiene un objetivo último ante la ralentización del metabolismo y el incremento del hambre: que recuperes el peso perdido.

La dieta de la reducción calórica y del control de las raciones está abocada al fracaso. Comer menos no desemboca en una pérdida de peso duradera.

Dr. Jason Fung

Un curioso experimento que demuestra que las calorías no son la clave, lo llevó a cabo un entrenador personal inglés, Sam Feltham. Durante 21 días probó a ingerir 5.794 calorías con esta composición de macronutrientes:

  • 10% carbohidratos
  • 53% grasas
  • 37% proteínas

En teoría, su aumento de peso debería ser de 7,3 kg., pero sólo aumentó 1,3 kg. Y algo llamativo, disminuyó su cintura en 2,5 cm. Había ganado peso pero en masa magra.

Probó a hacer durante otros 21 días la misma ingesta calórica, pero cambió la composición de su alimentación:

  • 64% carbohidratos
  • 22% grasas
  • 14% proteínas

Comiendo muchos alimentos “falsos” procesados ganó 7,1 kg. y su cintura aumentó 9,14 centímetros.

Las conclusiones son claras. La teoría de la reducción calórica es falsa, la composición de la dieta juega un papel importante.

¿Cual es la causa real de la obesidad?

La obesidad está causada porque el punto de ajuste del peso corporal está demasiado alto a causa de un desequilibrio hormonal.

Dr. Jason Fung

La insulina es el regulador clave del metabolismo energético, y es una de las hormonas principales que promueven el almacenamiento de grasa.

Cuando comemos, se libera insulina, que se convierte en depósitos de azúcar y grasa y cuándo ayunamos los niveles de insulina descienden y se activa la quema de azúcar y grasa.

Un desequilibrio entre la alimentación y el ayuno conduce al aumento de la insulina.

Además la insulina tiene una mayor incidencia en personas obesas:

Al tener unos niveles de insulina muy elevados en nuestro cuerpo, aumenta el peso corporal de referencia. El cuerpo hace todo lo posible por volver a este peso de referencia.

Como el cuerpo es muy sabio, produce una hormona llamada leptina que es responsable de la sensación de estar llenos cuándo comemos. Produce el efecto contrario de la insulina, reduce el almacenamiento de grasa.

En personas delgadas, al comer, aumentan los niveles de leptina y el cerebro recibe la orden de dejar de comer. En personas obesas sucede lo contrario, al comer descienden los niveles de la hormona. Es debido a que las personas obesas han desarrollado una resistencia a la leptina por haber tenido unos niveles altos de la hormona de la saciedad durante mucho tiempo en el cuerpo.

Si la insulina es la mala de la película y nos hace engordar, está clara la solución: disminuir los niveles de insulina.

¿Que hace subir los niveles de insulina causantes de la obesidad?

Además de la comida hay otro factores que pueden disparar nuestros niveles de insulina:

  • El estrés: aumenta los niveles de cortiso que hace aumentar el nivel de insulina. Pocas horas de sueño, problemas en el trabajo o familiares, disparan el cortisol.
  • La prednisona: versión sintética del cortisol, recetada para tratar enfermedades como el lupus, la psoriasis, el cáncer, la miastemia grave, el asma o la artritis reumatoide entre otras.
  • Medicamentos: entre otros la gabapentina, para tratar la neuralgia, o la olanzapina, para tratar trastornos psiquiátricos.

Falta el factor más importante. La fuerza oscura, el caminante blanco, el Darh Vader, el Lex Luthor, responsable de la obesidad y de otros muchos males que nos aquejan:  presión arterial alta, colesterol elevado, diabetes, hígado graso, enfermedades cardíacas o cáncer.

Este villano es la resistencia a la insulina, llamado también síndrome metabólico.

La obesidad es fruto de un desequilibrio hormonal, no calórico.

Dr. Jason Fung

¿Por qué se produce la resistencia a la insulina?

Debido a la homeostasis. El cuerpo busca siempre la manera de volver a su estado original. Si hay algún cambio encuentra la manera de contrarrestarlo. Si tenemos mucho calor sudamos, si tenemos frío aumenta la generación de calor corporal. O lo que es lo mismo. El cuerpo desarrolla resistencias.

Hay muchos ejemplos de resistencia biológica:

  • Resistencia a los antibióticos.
  • Resistencia a los virus.
  • Resistencia a las drogas.

La respuesta automática a la resistencia es aumentar la dosificación. Si no te produce el mismo efecto aumentas la cantidad que tomas. Cualquier adicto a las drogas sabe que con el tiempo necesita mayores dosis para obtener los mismos efectos.

Así se entra en un círculo vicioso: la exposición conduce a la resistencia y la resistencia conlleva una mayor exposición.

Por tanto, niveles altos y persistentes de insulina conducen a una resistencia a la insulina.

Hay dos factores decisivos e igual de importantes en la resistencia a la insulina:

  • La composición de lo qué comemos.
  • Cuándo comemos.

Liberación insulina ingesta tres comidas

¿Que solución hay para combatir la obesidad?

Ahora que sabemos cual es la causa real de la obesidad, la resistencia a la insulina, veamos que medidas podemos tomar no sólo para no engordar, también para evitar enfermedades como la diabetes tipo 2.

Cambia tu dieta

Elimina los azúcares añadidos.

La glucosa y sobre todo el azúcar más peligroso, la fructosa.

La fructosa está presente en casi todos los alimentos procesados: galletas, sopas, panes, ketchup, pastelitos, salsas, etc.. A la industria alimentaria le encanta meter fructosa en los alimentos procesados porque es barato y prolonga la vida útil del alimento. Es más dulce que la glucosa, evita que el alimento se queme en el congelador, ayuda a dorar el alimento, y se mezcla facilmente, entre otras ventajas…para ellos.

A nosotros la fructosa va a matarnos. Literalmente. Es nociva y cuando la digerimos va como un misil hasta el hígado. Cuanto más fructosa, más se metaboliza, hasta llenar de grasa el hígado, que es crucial para generar la resistencia a la insulina.

La insulina intenta dirigir la glucosa de los alimentos hacia el hígado y el exceso se almacena como grasa. Con un hígado graso, que ya está repleto de grasa y azúcar,  lo que hace el cuerpo es producir más insulina para conseguir llevar la misma cantidad de energía al hígado.

Hay estudios que demuestran que en 7 días, con 1.000 calorías adicionales de fructosa en la dieta aumenta un 25% la resistencia a la insulina.

La sacarosa, una mezcla de glucosa y fructosa, también estimula la producción de insulina y por tanto la resistencia del cuerpo a la misma, tanto a corto plazo como a largo plazo.

Evita los edulcorantes artificiales

Las bebidas light y muchos alimentos procesados “sin azucar” contienen estos edulcorantes. La sacarina, la sucralosa, el sirope de agave, o la estevia, están altamente procesados.

Aumentan en un 20% la resistencia a la insulina y además producen una sensación de recompensa incompleta al cerebro al detectar un sabor dulce carente de calorías lo que fomenta la sobrecompensación y un aumento del apetito y los antojos.

Evita los carbohidratos refinados

La harina blanca y el azúcar de los alimentos procesados hace que aumente mucho el índice glucémico.

La harina que consumimos hoy en día proviene de la variedad de trigo enana o semienana que se cultiva en el mundo que no es tan nutritiva como antes. Además, resultante del procesamiento, sólo queda el almidón blanco, puro y tan fino que hace que el intestino la absorba con mucha rapidez. El aumento de la tasa de absorción amplifica el efecto de la insulina.

Come alimentos con fibra

La fibra se asocia en numerosos estudios a un índice de masa corporal más bajo.

Provoca un aumento de la saciedad, una disminución del hambre y una reducción de la ingesta calórica.

Además consigue que se vea reducida la absorción de los carbohidratos lo que conlleva una menores niveles de glucosa en sangre y de insulina.

Los alimentos procesados eliminan la fibra para cambiar la textura y hacer que sepan mejor. Además se eliminan las grasas naturales para evitar que se vuelvan rancios con el tiempo.

Para tomar más fibra tienes que recurrir a carbohidratos enteros.

La fibra actúa además como “antídoto” ante alimentos con un índice glucémico muy alto. No sólo protege contra el exceso de insulina, también previene contra enfermedades como la diabetes tipo 2.

El Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud hizo un seguimiento durante 7 años a 42.759 personas y los resultados arrojan que el riesgo de contraer diabetes tipo 2 es un 217% más elevado cuándo nuestro consumo de alimentos con índice glucémico alto no se acompaña de la fibra.

Toma vinagre

Estudios realizados demuestran que el vinagre ayuda a mitigar la resistencia a la insulina. Tomar dos cucharaditas de vinagre junto con una comida rica en carbohidratos, hace que la insulina y el azúcar en sangre bajen un 34%.

Otra ventaja del vinagre es que aumenta la sensación de saciedad.

Cuidado con las proteínas

El propio estómago y el intestino delgado produce unas hormonas llamadas incretinas que estimulan la producción de insulina cuando comemos.

Todos los alimentos, no sólo los carbohidratos, hacen subir los niveles de insulina. Por tanto, alimentos ricos en proteínas pueden hacernos engordar.

La respuesta insulínica es muy variable. Mientras que las proteínas vegetales suben muy poco los niveles de insulina, la proteína lactosérica, la carne y el pescado hacen producen una secreción de insulina significativa.

Sin embargo, el efecto de las incretinas es que retrasan el vaciado del contenido del estómago en el intestino delgado, lo que ralentiza la absorción de la glucosa y al mismo tiempo aumentan la sensación de saciedad.

¿Cual es la ventaja de la proteína por tanto? Que incrementa la sensación de saciedad.

Practica el ayuno

Llevar una dieta adecuada nos va a ayudar a reducir los niveles de insulina y el otro pilar básico es el ayuno, para vencer la resistencia del cuerpo a la insulina.

En este artículo del blog tiene más información sobre el tratamiento que el Doctor Jason Fung propone.

En cuánto al tema del ayuno, el mayor experto en este ámbito es Valter Longo con su Dieta que imita el Ayuno. En el libro que he publicado en Amazon tienes una guía para conocer con detalle cómo seguir la Dieta que Imita el Ayuno.

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