Estrategias nutricionales para luchar contra el COVID-19


El Covid-19 es un virus desconocido para nuestro sistema inmune que está provocando una pandemia global.

Una de las características de los coronavirus es su facilidad para transmitirse entre especies. Es posible que el origen del actual Covid-19 provenga de un coronavirus que habitaba en un murciélago y pasó a una especie intermedia en China.

A diferencia de lo que sucede en los humanos, el coronavirus no mata al murciélago. Tiene la capacidad de estar infectado y provocar la respuesta de las citoquinas (como el interferón), que son moléculas que «despiertan» el sistema inmunitario para atacar al virus, pero sin que se produzca una respuesta exagerada (1). Esto lo consiguen porque pueden regular a la baja un inflamasoma, el NLRP3, que es como un interruptor que activa todas las vías inflamatorias. Es decir, pueden activar con intensidad su sistema inmunológico, sin provocar una gran inflamación, acabando con el virus sin sufrir consecuencias.

En los seres humanos no sucede así. El virus puede provocar daños colaterales, si la reacción inflamatoria provocada por nuestro propio sistema inmune es muy exagerada, lo que se conoce como tormenta de citoquinas (2). Es como si entra un mosquito en casa, cogemos un mazo bien grande y comenzamos a golpear en todo lo que se pose. Mataremos al final al insecto, pero destruiremos los muebles y las paredes. Además, este aumento desmesurado de citoquinas es probable que atenúe la respuesta inmunitaria adaptativa innata.

Esta es una de las razones por la que una persona de mediana edad puede fallecer por COVID-19. El daño colateral causado por nuestro propio sistema inmune tratando de protegernos, es lo que está causando la fisiopatiologia o etiología de la enfermedad (3). La hiperinflamación pulmonar estaría asociada al síndrome de insuficiencia respiratoria aguda que se ha descrito como la principal causa de mortalidad.

No disponemos como los murciélagos de la capacidad de regular el interruptor que modula la inflamación, el NRLP3. Pero se ha comprobado que ciertas estrategias nutricionales, el ejercicio moderado y la suplementación pueden conseguir que el estado inflamatorio previo a la enfermedad no sea tan elevado.

También se ha observado un peor pronóstico en pacientes inmunodeprimidos y con ciertas patologías asociadas a un síndrome metabólico.

Efectos del Covid-19 en el organismo

El Covid-19 afecta sobre todo al pulmón, con una neumonía muy agresiva que acaba destrozando a los alveolos. También se ha comprobado en autopsias que afecta al cerebro, (síntoma falta de olfato y de gusto) y en realidad a todo el organismo, es una enfermedad sistémica, por eso origina trombosis vascular hasta en los pies, y cuya característica principal es la brutal inflamación que provoca en casos más graves.

El período de incubación es de 2 a 7 días. Los pacientes con peor pronóstico presentan, sobre el día 7 disnea (falta de aire); al día 8 insuficiencia respiratoria; sepsis en torno al día 9; y el ingreso en la UCI en la segunda semana de evolución, a partir del día 12, con una inflamación muy exacerbada (con fallecimiento entre el 20%-30% de los ingresos en UCI). Los días anteriores puede tener un poco de tos o malestar general con algo de fiebre pero sin grandes síntomas, lo que dificulta su detección. Desde que nos infectamos hasta desarrollar anticuerpos pasan unas 2 semanas.

Los pacientes también pueden presentar otros síntomas, como problemas gastrointestinales o diarrea, pérdida del gusto y del olfato (30%), afecciones dermatológicas en la piel (sobre todo pies con sensación de picor). En personas mayores, fatiga, pérdida del apetito o dolores leves junto con una saturación de oxígeno en sangre baja son indicadores de posible sospecha de contagio.

La media de edad de los fallecidos está en torno a los 80 años, aunque ha habido de todas las edades. Los mayores de 60 años y/o con otras patologías son los que mayor riesgo tienen:

  • Diabetes 1 y sobre todo diabetes 2
  • Tensión alta
  • Obesidad (síndrome metabólico)
  • Enfermedad cardiovascular
  • En menor medida problemas respiratorios (asma, EPOC) y personas inmunodeprimidas (tratamiento contra el cáncer, trasplantados, fármacos para enfermedades autoinmunes).

Los médicos pueden prever en un análisis de sangre un mejor o peor desenlace de la evolución de la enfermedad a través de diversos marcadores, todos relacionados con las patologías anteriores. Entre ellos:

  • Ferritina elevada, el marcador en el que más diferencia hay al inicio de la enfermedad entre los pacientes con mejor y peor pronóstico.
  • Troponimas (enzimas cardíacas) algo elevadas al principio y aumentan mucho al final.
  • Dímero D alto aumentando en todo el curso de la infección. Refleja problemas de coagulación.
  • Linfocitos bajos (linfopenia).
  • Interleuquinas inflamatorias, (sobre todo IL-6) y TNF alfa elevados, desde el inicio de la evolución de la enfermedad, empeorando al final de la misma, producidos por los macrófagos y por el tejido graso.
  • Lactato deshidrogenasa: más elevada al principio y a lo largo de la enfermedad aumenta mucho.
Indicadores analíticos pronóstico Covid-19

Vemos que la respuesta a la inflamación que provoca el Covid-19 es mucho más intensa entre los que tienen una peor evolución de la enfermedad. En la fase inicial se desarrolla una respuesta inflamatoria debida al virus, seguida de otra respuesta inflamatoria, sobre todo en los pulmones (debido al daño ocasionado por la propia respuesta inicial), que puede ser tan exacerbada que acabe por provocar el fallecimiento.

También observamos que ya existen diferencias en los marcadores desde el inicio del contagio entre los que tienen un peor pronóstico y uno más favorable, sobre todo en el marcador de la ferritina, que implica una mayor inflamación sistémica, si está acompañada de un síndrome metabólico.

Esta inflamación crónica se relaciona en el estudio publicado en diciembre del 2019 en la revista Nature Medicine, con diversas enfermedades relacionadas con un síndrome metabólico (diabetes, enfermedades cardiovasculares, hígado graso no alcohólico, enfermedad renal) y asociadas a la mala alimentación, la falta de ejercicio físico, el estrés y tóxicos ambientales.

Obesidad

Con un IMC mayor que 35, multiplica por 2,2 la probabilidad de hospitalización y por 3,6 la de acabar ingresado en la UCI.

Si el IMC es mayor que 40 ya se dispara, multiplicar por 6 veces la probabilidad de terminar ingresado en un hospital. También ocupa el tercer lugar como predictor de hospitalización (los primeros: tener más de 75 años y entre 65 y 75 años).

Nuestro sistema inmune tiene que ver con lo que comemos y con el deporte que hacemos.

Dr. Carlos Rodríguez Jiménez, endocrino, superó el Covid-19 con 83 años

La obesidad lleva asociada inflamación crónica y, la mayoría de las veces, un síndrome metabólico, que empeora la evolución de la enfermedad.

Tejido graso disfuncional (imagen adaptación de Servei Universitari de Recerca en Fisioterapia de las Escuelas Universitarias Gimbernat)

Cuando nos ataca un virus, el sistema inmune influye en el sistema endocrino para que las células del sistema inmunitario tengan el mayor acceso posible a la glucosa. Esto es a costa de que las células del músculo esquelético no lo tengan, y eso se consigue a través de aumentar la resistencia a la insulina en el músculo esquelético. En personas sin síndrome metabólico se consigue el equilibrio, ya que al tiempo que aumenta la insulina, y ésta las respuestas de las células T del sistema inmune, se compensa el aumento de la glucosa en sangre. Pero en pacientes con el metabolismo de la glucosa alterado no ocurre lo mismo.

La obesidad imita un estado de infección crónica. Las citoquinas generadas por el tejido adiposo disfuncional acaba produciendo una mayor resistencia a la insulina, afectando al metabolismo de la glucosa y alterando de forma negativa a la inmunidad: alteración del tejido linfoide, alteración en el desarrollo de leucocitos, y la coordinación de respuestas inmunes y adaptativas (4)

Inflamación

Los marcadores de inflamación y la edad se han comprobado que están vinculados con la gravedad de la enfermedad (4).

La inflamación de bajo grado mantenida en el tiempo es devastadora para nuestra salud, como señaló la portada de la revista Time, una auténtica «asesina secreta«.

En estudios sobre centenarios (5) se observó que el control de la inflamación es un factor clave para mantener la función cognitiva y un envejecimiento saludable a una edad muy avanzada, incluso por encima de indicadores como la longitud de los telómeros.

La inflamación crónica está vinculada con trastornos metabólicos, como la obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, aterosclerosis, e hígado graso. Patologías en las que el Covid-19 tiene peor pronóstico.

Un marcador de inflamación muy revelador es la ferritina alta. Es también un indicador de la brutal inflamación que produce la tormenta de citoquinas en algunos casos del Covid-19.

Es importante recordar que la ferritina elevada no es igual a la sobrecarga de hierro y hay muchos pacientes con ferritina elevada causada por inflamación.

Dr. Paul Adams, de la división de Gastroenterología de la Universidad de Western Ontario, Canadá

Tener la ferritina alta antes de infección por Covid-19 puede reflejar un grado alto de inflamación en ciertos casos.

La sobrecarga de hierro se  puede presentar en pacientes con obesidad, inflamación crónica, consumo diario de alcohol, enfermedad cardíaca (donantes de sangre regulares tienen un riesgo 88% menor de sufrir un ataque cardíaco), enfermedad hepática (correlación entre el hierro sérico elevado y la enfermedad del hígado graso no alcohólico provocado por un exceso de carbohidratos refinados, azúcar y fructosa en la dieta) , insuficiencia renal, pintura articular, síndrome metabólico (duplica el riesgo de síndrome metabólico), diabetes (no significa que el alto valor de ferritina o hemocromatosis esté causando el desarrollo de diabetes, pero sí indica que es un efecto secundario y puede acelerar la inflamación y/o afectar la capacidad de controlar la diabetes de forma natural), e incluso cáncer.

La ferritina puede inhibir la función linfocitaria, y en ratones se ha comprobado que disminuye los precursores de los glóbulos rojos, importantes para hacer llegar el oxígeno de los pulmones a todas las partes del cuerpo, algo vital si el coronavirus ataca los pulmones.

La ferritina actúa igual que una citoquina inflamatoria, activando la cascada de NFκB, un complejo proteico que controla la transcripción de ADN. La naturaleza lo ha creado para generar picos de inflamación en nuestro cerebro para un mejor rendimiento cognitivo. Responsable y útil en momentos puntuales para el aprendizaje, la memoria, o la plasticidad sináptica. Pero no nos conviene que esta activación sea crónica, sino al contrario, que sea baja y solo se active cuando sea necesario de forma breve.

¿Y qué causa también un aumento crónico del NFkB?: entre otras comer en exceso (estrés oxidativo), demasiadas veces al día, y la obesidad.

El NFkB intenta compensar este exceso de energía que ingerimos sin necesidad, pero a costa de promover una respuesta inflamatoria. Además, induce a la TNF, la IL-1 y a IL-6, citoquinas proinflamatorias, contribuyendo, por tanto, al desarrollo de muchas enfermedades, entre ellas el cáncer,  (6) (7).

El NFkB también tiene un efecto inflamatorio sobre el hipotálamo, clave en el envejecimiento por su papel integrador entre el sistema inmune y el neuroendocrino.

 ¿Qué activa la NFkB?

  • Fumar
  • Las lectinas (legumbres y cereles).
  • Niveles altos de glucosa en sangre (alimentación basada en carbohidratos sin fibra, azúcar y fructosa).
  • Obesidad
  • Estrés
  • Interrupción del ritmo circadiano.
  • Falta de vitamina D.
  • Ejercicio agudo.
  • Dieta alta en proteínas.
  • Privación del sueño,
  • Triglicéridos altos en sangre (alimentación basada en carbohidratos, azúcar y fructosa).
  • Consumo elevado de alcohol.

¿ Y cómo podemos inhibir el NFkB?

  • Cetosis promovida por el ayuno o por la Dieta que imita el Ayuno.
  • Alimentación cetogénica ya que permite estar en un estado de cetosis y obtener el aporte adecuado de alimentos que lo inhiben (aceite de oliva, pescado, aceitunas, hongos, té, arándanos, aceite de pescado, cacao, vegetales crucíferos, etc).
  • Restricción calórica.
  • Ejercicio (no agudo).
  • Suplementos de magnesio, zinc.
  • Hormonas como la melatonina (suplementos).
  • Meditación

Puntualizar que estas medidas lo van a inhibir en todo el cuerpo pero en el cerebro lo va a activar (efecto beneficioso).

Diabetes 2

La diabetes también es otro factor de riesgo. Durante una infección, tanto las células infectadas como las células del sistema inmune necesitan de forma imperiosa aumentar su metabolismo y se ha demostrado en estudios que lo hacen a través del metabolismo de la glucosa. Necesitan mayor absorción de glucosa, y esto se consigue aumentando mucho la sensibilidad a la insulina en las células del sistema inmune, para absorber hasta 20 veces mas glucosa que una célula normal, y al mismo tiempo impidiendo que la glucosa vaya a parar a células que forman del músculo esquelético, aumentando su resistencia a la insulina.

Las personas con diabetes 2, no pueden usar la glucosa de manera efectiva y este sistema de defensa que utiliza el metabolismo energético no funciona de forma correcta, por lo que son más propensas a infecciones graves al no tener una respuesta antiviral adecuada. Por otra parte, los altos niveles de glucosa en sangre conducen a niveles más altos de moléculas de señalización que acaban provocan la temida tormenta de citoquinas y a una respuesta inflamatoria exacerbada que acaba dañando los propios tejidos de nuestro cuerpo. Esto se ha demostrado en estudios con pacientes de gripe A (85) y se ha observado en el Covid-19, la respuesta inflamatoria es más acusada en pacientes con diabetes, con mayores niveles de citocinas proinflamatorias (8).

Por eso es muy importante mantener un control adecuado de la glucosa en sangre en pacientes diabéticos. En este estudio (9) con personas con diabetes infectados por Covid-19, las que tenían el azúcar en sangre bien controlado, tenían menos complicaciones, una menor necesidad de ventilación/ oxígeno y disminuyeron las probabilidades de fallecer que aquellos que tenían la glucosa en sangre mal controlada.

Las fluctuaciones en sangre dificultan el tratamiento, situación que empeora con la infección, debido al defecto de oxidación de la glucosa en la mitocondria por la propia respuesta proinflamatoria (IL-6 y TNFα). Esto hace que la glucosa en sangre se eleve y el virus prospera en un entorno de glucemia elevada (10). También propicia que la infección bacteriana que suele compañar al Covid-19 se agrave (11).

También se presentan complicaciones porque el aumento de citoquinas inflamatorias implica un mayor estado de coagulación en la sangre, que lleva asociado un aumento de la permeabilidad capilar en los pulmones. Esto aumenta el riesgo de embolia pulmonar en casos de insuficiencia respiratoria progresiva (12) en pacientes con diabetes, cuya enfermedad conlleva alteraciones en la coagulación (13).

Inmunosenescencia

Vemos que el mayor riesgo de fallecer por Covid-19 lo tienen las personas mayores y eso es debido a un sistema inmune debilitado por la edad o inmunodeprimido, por la malnutrición, o por empeorar otras patologías como la diabetes, problemas respiratorios crónicos, o cardiovasculares.

Los niños están más protegidos antes un desenlace fatal por el Covid-19 porque tienen la capacidad de tener una respuesta inmunitaria muy rápida. El timo (glándula del sistema inmunológico), aún no ha involucionado, y su sistema de defensa todavía está en fase de aprendizaje, reconociendo aquello que es propio y lo que es extraño. El sistema inmune es nuestro ejército personal frente a invasores y necesita entrenamiento. Las vacunas que reciben los niños les permiten mantenerlo en óptimo estado. Por eso su sintomatología suele ser muy leve, la mitad ni desarrolla fiebre, aunque hay casos con problemas intestinales más agudos.

En adultos no sucede así. Nuestro sistema inmune va envejeciendo con el tiempo, incluso con nuestros hábitos podemos acelerar su deterioro. Por eso nuestra edad biológica puedes ser muy superior a nuestra edad cronológica y tener marcadores de inmunosenescencia, que es lo va a diferenciar los casos más leves de los más graves por Covid-19: disminución de linfocitos T CD4, que son células que ayudan a coordinar la respuesta inmunitaria al estimular a otros inmunocitos, los linfocitos B y los T CD8, y también a los macrófagos.

Uno de los factores que afectan al envejecimiento del sistema inmune, sucede a partir de los 25 años, disminuye el nivel de la hormona del crecimiento porque se atrofia la glándula del timo

A medida que envejecemos las respuestas inmunes adaptativas e innatas cambian y se produce un desequilibrio. Por una lado tardamos más en reaccionar ante la infección viral, esa tardanza en activar nuestra primera línea de defensa, el sistema inmune innato aprovecha el virus para propagarse. Por otro lado se activará peor la respuesta inmune adaptativa. Se produce menos interferón cuando nos ataca un patógeno, por lo que costará más acabar con él.

La inmunosenescencia, afecta como vemos tanto a la inmunidad adquirida como la innata, aunque más en la adquirida, y la consecuencia es que cada vez tenemos menos capacidad para reaccionar ante una infección y desencadenar respuestas celulares y también de anticuerpos.

Esta declive del sistema inmune puede venir causado por varios factores:

  • Acumulación de especies reactivas de oxígeno (ROS): estrés oxidativo produce un estado proinflamatorio que deteriora el sistema inmunitario.
  • Disminución de la autofagia. La autofagia es un mecanismo que realizan nuestras células para conseguir reciclar las partes defectuosas. Es vital para equilibrar y modular el sistema inmune y para no acelerar su envejecimiento. El ayuno y la Dieta que imita el Ayuno estimulan la autofagia.
  • Desregulación del metabolismo de la glucosa que provoca la temida tormenta de citoquinas por hiperglicemia.
  • Inflamación crónica: El estado de inflamación crónica caracteriza a las patologías asociadas a la inmunosenescencia, y dan lugar al envejecimiento del sistema inmune. Esto provoca que haya una excesiva cantidad de factores inflamatorios, al tiempo que se reduce la respuesta anti-inflamatoria que mantiene el equilibrio. La inflamación crónica provoca un deterioro del sistema inmunológico que a su vez provoca más inflamación, generando un círculo vicioso. La presencia de grasa visceral y total empeora esta situación, ya que aumentan mucho los niveles de citoquinas inflamatorias (14)
  • Disfunción mitocondrial. Esto puede provocar estrés oxidativo y en el envejecimiento afecta sobremanera al factor de transcripción NF-κB, implicado en la inflamación del hipotálamo, que afecta a la regulación endocrina de la glucosa y el metabolismo de los lípidos. En estudios se ha asociado el metabolismo alterado de la glucosa con la tormenta de citoquinas que se produce en algunos pacientes de Covid-19.
  • Malnutrición: la malnutrición, es decir, la ausencia de nutrientes esenciales, sobre todo inmunológicos, también puede provocar un sistema inmune «envejecido». Si partimos de ese estado de malnutrición, el Covid-19 lo empeora aún más si cabe, ya que la respuesta inflamatoria, el esfuerzo respiratorio y la fiebre nos deja desnutridos con mucha rapidez. No debemos pensar en la malnutrición como algo que vemos en niños de países subdesarrollados. En el mundo occidental hay muchas personas que están malnutridas. Hay casos de personas «bien nutridas» con escorbuto, (deficiencia de vitamina C) por alimentarse a base de comida rápida (15). Si nos infectamos con Covid-19, la carencia de vitaminas o minerales claves para el sistema inmunitario, puede tener consecuencias fatales.
  • Aumenta el tejido adiposo en varios tejidos, como el hígado y los músculos, con el aumento de la respuesta inflamatoria y de citoquinas proinflamatorias, potenciando la resistencia a la insulina que afecta al sistema inmunitario.
  • Disminuye el nivel de la hormona del crecimiento porque se atrofia la glándula del timo: Los niveles de la hormona del crecimiento se pueden recuperar con estrategias como el ayuno. La Dieta que imita el Ayuno también ha demostrado en ratones que pueden rejuvenecer el sistema inmune. En palabras del creador de la FMD, el profesor Valter Longo director del Instituto de Longevidad de USC: «consigue deshacerse de las células dañadas o equivocadas y reemplazarlas con células inmunes más jóvenes y efectivas«. Con esta estrategia el cuerpo se deshace durante el ayuno de los glóbulos blancos envejecidos y poco funcionales por otros nuevos, rejuveneciendo el sistema inmune dependiente de células madre, al volver a la alimentación normal.

En realidad, «inmunosenescencia» es una adaptación que es necesaria para una respuesta adecuada a los antígenos conocidos, pero es perjudicial cuando tenemos que responder ante las respuestas a los antígenos nuevos. El envejecimiento puedo conllevar la senescencia de nuestro sistema inmunológico, pero podemos tener la genética adecuada, o ser capaces de expresar ciertos genes, que puedan regular un equilibrio adecuado entre las citoquinas proinflamatorias y antiinflamatorias. Esta expresión epigénetica dependerá del estilo de vida que llevemos, nutrición, ejercicio y otros hábitos saludables.

Sistema endocrino y sistema inmunitario

No es casualidad que la peor evolución del Covid-19 sea en pacientes con síndrome metabólico. Hay una relación muy fuerte entre el sistema endocrino y el sistema inmunitario. El tejido adiposo funciona como un órgano endocrino (61) y las hormonas que lo regulan tienen una marcada influencia en el sistema inmune.

En un contexto de obesidad, es decir, un desequilibrio hormonal, se produce una desviación de las interacciones inmune-endocrinas, y por eso empeora una enfermedad metabólica como es la diabetes 2 debido a una infección. También puede suponer que un prediabético desarrolle una diabetes 2 por agravar de forma temporal la resistencia a la insulina que provoca el propio sistema inmunitario en las células musculares.

 

Extraído de ‘Beauty and the beast’ in infection: How immune–endocrine interactions regulate systemic metabolism in the context of infection publicado en la European Journal of Immunology

Cuando el tejido adiposo es disfuncional, es decir, no funciona de forma correcta, acaba generando un nivel alto de hormonas como la leptina, y niveles bajos como la adiponectina, y esto influye en el sistema inmune, generando un desequilibrio por la alta cantidad de citoquinas inflamatorias con respecto a las antiinflamatorias. Esto acaba empeorando la resistencia a la insulina y el estado inflamatorio. Si nos infectamos por el coronavirus, el propio sistema inmunitario va a producir todavía un mayor número de citoquinas inflamatorias, aumentando aún más si cabe la inflamación.

Además, la obesidad que implica un desequilibrio hormonal, produce un estado inflamatorio de bajo grado que acaba causando disfunción endotelial, y en última instancia hipertensión, que agrava aún más el daño al endotelio vascular. El Covid-19 empeora este estado de endotelitis, ya que infecta a las células endoteliales que recubren los vasos sanguíneos, dañando otros tejidos del cuerpo además de los pulmones, sobre todo el corazón (16)

Una de las consecuencias del Covid-19 es la presencia de microtrombos, que pueden acabar causando embolia pulmonar, cerebral, o problemas cardíacos. El síndrome metabólico también tiene una relación directa con la mayor probabilidad de padecer coágulos sanguíneos recurrentes . En este estudio (17) se observa que casi 70% de 151.054 pacientes con tromboembolismo venoso (coágulos en la sangre) tenían al menos un síntoma de síndrome metabólico (obesidad, hipertensión, dislipidemia, y/o diabetes). Y el riesgo de volver a padecer coágulos aumenta a medida que se padecen más componentes del síndrome metabólico. Algo muy importante que se observa en el estudio es que, a pesar de haber sido más medicados y durante más tiempo con anticoagulantes, la correlación entre haber padecido una trombosis y volver a tener coágulos en sangre, sigue siendo la misma.

También son estas enfermedades asociadas al síndrome metabólico las que parece ser que provocan cambios epigenéticos que afectan a la puerta de entrada del coronavirus en nuestras células. Los cambios en el metabolismo que provocan estas enfermedades, producen una serie de cambios bioquímicos que expresan en mayor medida los genes ACE2, TMPRSS2 y FURIN, es decir, una mayor cantidad de células afectadas en los pulmones (18) por el virus y una mayor gravedad de la enfermedad. Son las enzimas las que modifican unas proteínas (histonas) capaces de regular esta expresión de los genes. Además, los propios tratamientos para tratar la diabetes o la hipertensión pueden provocar el aumento de la expresión de ACE2 (19).

Venimos al mundo con un ADN que hemos heredado, con un código ya programado en las células, pero la epigenética le dice a este código que parte debe ejecutar en cada momento. O por verlo de otra manera, puedes tener la televisión con todos los canales programados de forma automática (genética). Habrá canales que nos transmitan un beneficio (documentales de naturaleza, música relajante…) u otros que nos provoquen un perjuicio (películas violentas, o música que nos ponga nerviosos…). Podemos tomar la decisión, pulsando los botones del mando a distancia  (epigenética), de seleccionar los que nos benefician, y también podemos optar por no pulsar aquellos que nos perjudiquen. El estilo de vida, la nutrición, el ejercicio, y otros hábitos saludables nos permiten influir en la epigenética para evitar muchas enfermedades que están relacionadas con ella. (20)

Síndrome metabólico y Covid-19

Un gran porcentaje de pacientes que tienen peor pronóstico ante una infección por Covid-19 tienen síndrome metabólico.

La causa es la resistencia a la insulina, que viene motivada por una hiperinsulemia mantenida en el tiempo. No tenemos un síndrome metabólico de un día para otro. Es una enfermedad lenta pero inexorable y sólo vemos sus efectos dañinos a medio plazo.

Efectos de la hiperinsulinemia, adaptación infografía Dr. Andy Phung

La hiperinsulinemia, es decir, niveles altos de insulina, es una causa de la resistencia a la insulina, y acaba provocando, entre otros, problemas de coagulación (21) e hipertensión, que empeoran los propios efectos del Covid-19 en el organismo. (22).

Además, una consecuencia de esta hiperinsulemia son los altos niveles de glucosa en sangre. La célula está tan repleta de glucosa que intenta por todos los medios deshacerse de ella, la empuja a la sangre por un lado y por otro la convierte en grasa. Pero lo acaba haciendo cuando ya no la puede acumular en los adipocitos, y acaba en órganos como el hígado, produciendo hígado graso.

El exceso de azúcar sólo se puede combatir con dos estrategias, reducir el azúcar que metemos en el cuerpo con la alimentación (dieta baja en carbohidratos) y en quemar la mayor cantidad posible (ayuno).

Los niveles altos de insulina también son la causa de la obesidad, según la teoría de la obesidad hormonal de Jason Fung. Y la propia insulina es causante de la resistencia a la insulina que provoca que haya niveles aún más altos de insulina, generando un círculo vicioso. La insulina da la orden al cuerpo de almacenar grasa y provocar la sensación de hambre para obligarnos a comer.

La hiperinsulimenia y la resistencia a la insulina consiguiente (que provoca de nuevo niveles aún mayores de insulina), acaba produciendo una desregulación en el metabolismo de la glucosa e inflamación de bajo grado mantenida en el tiempo, que acaba alterando de forma grave el equilibrio de nuestro sistema inmune, vital para defendernos del Covid-19.

¿Tengo un síndrome metabólico?

Para determinar si tenemos un síndrome metabólico (o lo que es lo mismo, prediabetes) basta con hacer tres cosas. Usar una cinta métrica, medirnos la tensión y pedir a tu médico un análisis de sangre.

Si te mides la cintura a la altura del ombligo, y el diámetro es mayor que 89 cm. en el caso de una mujer o 100 cm. si eres hombre, hay muchas posibilidades de que padezcas un síndrome metabólico. Así que si vas hacia una pared y llega antes tu barriga que tu nariz, tienes bastantes posibilidades que lo padezcas, pero puede que tu genética te ayude y a pesar de eso no lo hayas desarrollado…todavía.

En el análisis de sangre miramos si tenemos al menos 3 de estas condiciones:

  • Triglicéridos elevados por encima de 150 mg/dL (por debajo de 100 sería lo ideal).
  • HDL menor que 40 mg/dl si es hombre o menor de 50 mg/dl si es mujer.
  • Glucosa en ayunas mayor o igual que 100 mg/dl o tomar medicación para la diabetes.
  • Tensión arterial mayor o igual que 130/85 mmHg o tomar medicación para controlar la tensión.

También lo podemos ver con ratios:

  • triglicéridos/HDL mayor que 2,62.
  • colesterol total / HDL por encima de 5.
  • LDL/HDL mayor que 5

La proteína C reactiva elevada, también suele estar asociada al síndrome metabólico.

Tener dos marcadores no significa que estemos libres de padecer un síndrome metabólico, en realidad, estamos a las puertas de desarrollarlo.

La glucosa en ayunas normal puede ser también un falso indicador. En la mayoría de los casos la glucosa en sangre es lo último que aparece alto (es una consecuencia de la hiperinsulemia) y mientras tanto, el páncreas ha estado trabajando sin descanso, para evitar la toxicidad de una glucosa sérica descontrolada.

El Dr. Kraft ha realizado estudios muy importantes sobre la insulina y la glucosa. Estudió los niveles de glucosa en sangre ampliando las pruebas a cinco horas y al mismo tiempo midiendo la insulina. Quería averiguar cuánto tiempo pasa hasta que los niveles glucosa e insulina vuelven a la normalidad.

Los resultados son preocupantes. La gran mayoría de los personas a las que hizo las pruebas, 8.138 de 10.879, tenían hiperinsulemia y ¡la insulina no volvía a la normalidad hasta cinco horas después!. Y el gran problema, la glucosa en sangre en ayunas era “normal”.


Es lo que el Dr. Kraft llamó “diabetes oculta”. Una diabetes que no se detecta y que deja a cuatro de cada cinco personas con una insulina por las nubes (origen de muchas patologías), que serán diagnosticados como diabéticos 2 de forma “oficial” cuando ya tengan síntomas y mientras tanto sin ningún tipo de tratamiento. Será en ese momento cuando ya aparecerá la glucosa alta en sangre.

Los altos niveles de insulina provocan resistencia a la insulina. Estas dos
cosas son tan inseparables como una sombra a su cuerpo.

Dr. Jason Fung

Obesidad de peso normal

Puede que hayas medido tu cintura y estés delgado, pero tengas dos o más de estos marcadores. Esto tiene una explicación, la causa del síndrome metabólico es que la capacidad del almacenamiento de energía ha llegado a su máximo y los adipocitos, las células del tejido graso, han llegado a su máxima capacidad y ya no aceptan más glucosa ni ácidos grasos.

Cada persona tiene una determinación genética para almacenar grasa corporal en el tejido adiposo subcutáneo, es decir, bajo la piel (caderas, muslos, barriga, brazos, cara..), porque son capaces de crear nuevas células adiposas, incluso de adultos. Una vez que alcanzamos nuestro umbral de grasa personal, una vez que el tejido adiposo subcutáneo está lleno, (adipocitos hipertrofiados y ya disfuncionales), cualquier exceso de energía entrante se almacenará en otros lugares del cuerpo. Comenzará en forma de gotas de lípidos dentro de las células musculares para después acumularse dentro y alrededor de órganos (grasa visceral), sobre todo el hígado (hígado graso) y el páncreas, justo los órganos más importantes para regular el azúcar en sangre. También irá a los vasos sanguíneos y al cerebro.

Hiperinsulinemia-umbral grasa personal

Podemos estar delgados por tanto pero por dentro tener acumulación de grasa, y esa grasa visceral es la que más inflamación nos va a provocar. Lo que se conoce como un TOFI, u «obesidad de peso normal«. El umbral de grasa personal varía de una persona a otra. Personas delgadas lo pueden tener muy bajo y otras obesas muy alto, por eso se puede dar la paradoja de que el delgado tenga una salud pésima («obesidad de peso normal») .

Una vez que alcanzamos este umbral de grasa personal, la insulina que es la encargada de que las células utilicen la glucosa para generar energía, ya no consigue su propósito, las células están en su capacidad máxima de almacenaje y no aceptan más. Como cuando intentas meter un jersey en un cajón repleto de ropa, es imposible. Al estar la glucosa alta en sangre se genera todavía más insulina, produciendo hiperinsulinemia y resistencia a la insulina, origen del síndrome metabólico.

Una vez que el adipocito ha alcanzado su tamaño máximo y lleno de triglicéridos, es decir, disfuncional, el tejido graso provoca un estado inflamatorio e intenta solucionarlo con la activación de macrófagos por el sistema inmune y facilitando la salida a la circulación sanguínea de los triglicéridos. Así aumentan las adipocinas inflamatorias, leptina, IL-6, TNF-alfa, entre otras. Además, la adiposidad visceral aumenta la proteína C-reactiva, un marcador inflamatorio (asociado a la hipertensión) que utilizan los médicos para pronosticar la evolución de un paciente con Covid-19. Por otra parte disminuye los niveles de adiponectina, que es muy importante como regulador de la glucosa, la sensibilidad a la insulina, el metabolismo de los lípidos y la homeostasis cardiovascular.

Son tan perjudiciales para el organismo las consecuencias de tener grasa visceral, que cuando perdemos peso, es de esta grasa la primera de la que se deshace el cuerpo. Puede que esa pérdida de peso no se perciba a simple vista pero eliminar esa grasa visceral es muy importante para recuperar la salud.

Por tanto, estar delgado no llega como un indicador de buena salud. Se calcula que el 30% de personas delgadas son metabólicamente obesas. Y esta grasa visceral que acumulan tiene consecuencias, mayor inflamación, resistencia a la insulina, estrés oxidativo y a una disfunción mitocondrial. La hiperglucemia y los altos niveles de ácidos grasos en la sangre acaba por producir un mayor estrés oxidativo. Todo ello provoca una alteración en el metabolismo de la glucosa e inflamación de bajo grado, ambas relacionadas con las enfermedades metabólicas que peor pronóstico tienen con en Covid-19 (diabetes 2, obesidad, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, cáncer) y con el mal funcionamiento del sistema inmune.

Metabolismo de la glucosa y respuesta a la infección

En una infección, el sistema inmunitario utiliza de forma activa la regulación del metabolismo sistémico como arma contra los patógenos (98). El propósito de la regulación del metabolismo sistémico mediada por el sistema inmunitario, es restringir el acceso de los patógenos a los nutrientes, al tiempo que permite la función óptima de las células inmunes.

Es por ello que provoca una mayor resistencia a la insulina en las células musculares, para proporcionar más glucosa a las células del sistema inmunitario. Pero pueden producirse alteraciones que provoquen una respuesta inadecuada del sistema inmune.

En un estudio reciente publicado por la revista Science Advances, se demuestra que el metabolismo de la glucosa impulsa la tormenta de citoquinas en pacientes con gripe A. Los pacientes que padecían este nivel descontrolado de citoquinas proinflamatorias, tenían niveles más altos de glucosa en sangre. Otros estudios corroboran estas conclusiones (65).

Como señala Haitao Wen, uno de los autores de los estudios, no es la hiperglucemia la causante de la tormenta de citoquinas, sino que ésta se produce porque «los pacientes no pueden usar la glucosa de forma eficaz para iniciar una respuesta antivírica adecuada«. También creen que las alteraciones en el metabolismo de la glucosa contribuyen a la tormenta de citoquinas en el Covid-19.

Es por eso que los personas que padecen diabetes e infectadas con Covid-19 tienen peor pronóstico. El agravamiento de la resistencia a la insulina que ya padecen, se une la que provoca la propia infección, y aumenta más en personas pre-diabéticas o diabéticas. De esta forma aumenta mucho más los niveles de insulina, causando una reducción del control glucémico en sangre, provocando una hiperglucemia, la tormenta de citoquinas consiguiente, y agravando las complicaciones asociadas a diabetes tipo 2. Es por esa razón que se observa un mejor pronóstico en los pacientes de diabetes con glucosa en sangre bien controlada.

Alimentación cetogénica

Entendido el sistema inmune con un «organo», necesitamos proporcionarle los nutrientes adecuados. Un inadecuado aporte de micronutrientes y un desequilibrio de los macronutrientes a favor de los carbohidratos frente a grasas y proteínas, conlleva malnutrición, hiperinsulinemia, resistencia a la insulina, hiperglucemia y a un estado proinflamatorio. Todo ello acaba alterando la respuesta del sistema inmune ante infecciones como el Covid-19

La alimentación cetogénica tiene innumerables beneficios para conseguir un estado de salud óptimo para hacer frente a una infección por Covid-19. Veamos cuales son.

Alimentación cetogénica e inflamación

Una alimentación cetogénica bien formulada, alta en grasas, adecuada en proteínas y baja en carbohidratos, consigue mejorar la inflamación por varios motivos:

Se suprimen alimentos que con alto índice glucémico, que provocan hiperinsulinemia (resistencia a la insulina) y un estado inflamatorio crónico. Con un menor aporte de ciertos alimentos conseguimos mejoras en nuestra salud: 

  • Al disminuir los altos niveles de glucosa en sangre por comer menos azúcar y carbohidratos sin fibra, conseguimos que haya menores niveles de citoquinas proinflamatorias (23
  • Dismuye el consumo de fructosa: conseguimos menos glucosa en sangre y menor óxido nítrico al haber mayor ácido úrico y ésto se relaciona con hipertensión, gota, problemas neuronales, disfunción endotelial y alteraciones del sistema inmune. La fructosa además afecta inhibiendo la leptina (la hormona que provoca saciedad por lo favorece la obesidad), y provoca resistencia a la insulina en el hígado y en los músculos. Es causante directo de hígado graso, algo muy peligroso para la salud. Tiene cierta similitud con los daños que provoca el exceso de alcohol.
  • Eliminamos los alimentos procesados que alteran la microbiota intestinal, dañan el revestimiento del intestino y activan genes proinflamatorios. Los alimentos procesados son ricos en grasa y en azucar (no existen en alimentos naturales), y mantiene a las células del sistema inmune en constante alerta, como si estuviese siendo atacado por un virus o una bacteria, aumentando la inflamación del cuerpo. Y lo que es aún peor, tiene la capacidad de provocar alteraciones epigenéticas, es decir, el modo que se expresa la información genética de nuestras células. Esta respuesta inmunitaria exacerbada empeora ante una infección por un virus desconocido como el Covid-19 y acelera el desarrollo de enfermedades metabólicas. (24) Además, ingerir de forma aislada alimentos ricos en carbohidratos procesados (cereales refinados/croissant) hacen aumentar mucho, al cabo de pocas horas, los niveles de la hormona que nos provoca hambre (grelina)m y al mismo tiempo baja de forma acusada la glucosa en sangre (25), algo muy perjudicial para conseguir perder peso. Es decir, un círculo vicioso, cuanto más comidas hago más hambre tengo, porque los alimentos procesados eliminan la señal de saciedad.
  • Evitamos alimentos proinflamatorios, como harina blanca, harinas refinadas (panes, cereales, pasta, arroz…). Cuanto más fina sea una harina, mayor es el pico de glucosa y mayor es su respuesta a la insulina. Y sin los beneficios que aporta el germen, el salvado, o los aceites, que se eliminan en el proceso.

La adecuada relación entre los ácidos grasos omega-3 y omega-6 (1:1) al consumir alimentos ricos en omega-3. El omega 3 es antiinflamatorio y además reduce la tensión, mejora el perfil lipídico, la circulación, reduce las arritmias y el riesgo de sufrir ataques al corazón, y disminuye el crecimiento de placa en las arterias (26). La alimentación rica en ácidos grasos omega 6 y omega 3 nos proporcionan el componente fundamental de las membranas de las células, incluidas claro está las del sistema inmune.

Se evitan alimentos con lectinas (sobre todo el gluten), proteínas muy inflamatorias que inciden en enfermedades autoinmunes (27) (28), asma y alergias, dolores de cabeza, intestino permeable (29), entre otras.

Se ingieren  alimentos ricos en polifenoles: actúan como prebióticos (30), protegen del estrés oxidativo, tienen efectos antiinflamatorios, promueven la renovación celular y modulan la producción de citoquinas (31). 

El beta-hidroxibutirato, uno de los cuerpos cetónicos naturales generado en estado de cetosis, inhibe el NLRP3  y reduce la gravedad de las enfermedades inflamatorias mediadas por este inflamasoma. (32). Esto permitiría ralentizar los cambios degenerativos que ocurren con la edad (33)

Obtenemos un aporte completo de vitaminas (muchos vegetales tienen más vitaminas que las frutas), y minerales.

Alimentación cetogénica y función endontelial

El Dr. Antoni Torres apunta, en declaraciones a gacetamedica, señala a la disfunción endotelial como «actor predisponente y patógeno en esta enfermedad«.  «Los biomarcadores o pruebas que evalúan la función endotelial también podrían ayudar a identificar temprano los casos graves de Covid-19«.

Una de las causas de la disfunción endotelial es un nivel plasmático crónico elevado de glucosa e insulina (motivado por alimentación rica en azúcar, fructosa y carbohidratos sin fibra consumida varias veces al día). (34)

En animales se ha demostrado (35) que el cuerpo cetónico beta-hidroxibutirato consigue mejorar la función endotelial además de ejercer otros efectos protectores en el sistema cardiovascular. Además tiene propiedades antiinflamatorias y la inflamación tiene gran incidencia en las enfermedad cardiovascular.

Alimentación cetogénica y proteínas

Un aporte adecuado de proteínas es muy importante para salud del sistema inmune, si no ingerimos una adecuada cantidad de proteínas se verá afectado el timo, encargado de madurar los linfocitos T. Además, las proteínas son responsables de la formación de anticuerpos, enzimas,

Según estudios publicados en el Lancet, el 85% de los enfermos graves por COVID-19 tiene linfopenia, es decir, un número de linfocitos bajo. Unas 800 células por mm3 de sangre, cuando lo normal es estar por encima de los 1000. De éstas, el 75% de los linfocitos son células T, y afecta con más frecuencia al subgrupo de los linfocitos CD4+. Debido a la infección disminuye el número de linfocitos.

Una carencia de proteínas o de otros micronutrientes esenciales pueden también producir linfopenia, de ahí la importancia de obtener una cantidad apropiada de proteínas y también de grasas, sobre todo omega 3 (36).

Con la dieta actual el consumo de proteínas ha bajado hasta un 12,5% . Pero nuestros genes se han forjado con un consumo de un 19-35% de proteína (y los cazadores-recolectores actuales). Si no consumimos la proteína necesaria, acabamos ingiriendo más energía en forma de grasas y carbohidratos  (la combinación de macronutrientes de los alimentos procesados), ya que buscamos esa proteína mínima necesaria, y si no la conseguimos seguiremos comiendo alimentos altos en energía en busca de la ansiada proteína.

En una alimentación cetogénica nos aseguramos ese aporte necesario de proteínas, entre 1,5 y 1,75 gr. por kilogramo del peso corporal ideal, y en especial aporta dos aminoácidos como la arginina y la glutamina, que influyen en aumentar la inmunidad del tracto respiratorio y mejoran la respuesta inmune.

Con respecto a la ingesta de proteína tanto en un hospital como en una residencia para ancianos, tendremos un problema para conseguir las cantidades mínimas. Si caemos enfermos, una de las características es que la respuesta inflamatoria induce un catabolismo proteico exacerbado, y si el balance nitrogenado es negativo, hay mayor riesgo de morbilidad y mortalidad.

Además, según el Dr. Alvaro Campillo, Cirujano General y Digestivo y experto en nutrición, las citoquinas inflamatorias como la IL-6 y el TNF-α inhiben el piruvato deshidrogenasa, crucial para que la glucosa se transforme en energía. La glucosa no se puede por tanto oxidar en la mitocondria, por mucha glucosa que haya la célula no la podrá metabolizar y acabará en la sangre.

Los médicos ante esa hiperglucemia dan insulina, que evita la oxidación de ácidos grasos que proporcionaría energía y revertería el catabolismo. Se produce el efecto contrario, con la insulina se almacena grasas en las células, y se libera CO2 lo que implica un gran trabajo respiratorio para equilibrar el metabolismo ácido-base. A esto se le añade que como la mitocondria no puede oxidar la glucosa, acaba en el citoplasma generando mucho lactato que produce acidosis metabólica empeorando la situación. Por tanto, limitar la glucosa y la grasa debería ser lo adecuado en caso de hospitalización pero ya no depende de nosotros esas medidas.

Alimentación cetogénica y sistema inmune

En este tipo de alimentación se suprimen muchos alimentos ricos en carbohidratos (pan, harinas refinadas, azúcares,) que provocan alteraciones en la microbiota, evitando el desequilibrio del sistema inmune y un estado proinflamatorio.

En animales se ha demostrado en un estudio (37) publicado en la revista Science Immunology el 2019, que la alimentación cetogénica tiene un gran impacto beneficioso frente a pato´genos como el virus de la gripe. Aumentó la tasa de supervivencia frente a una alimentación alta en carbohidratos, consiguiendo activar un subconjunto de células T gamma delta en los pulmones mejorando la respuesta inmune frente a la gripe. Además, los animales tenían unos niveles más altos de saturación de oxígeno en la sangre y niveles más bajos del virus en la sangre, comparados con la dieta alta en carbohidratos.

Y por si no fuera poco, bloquean la excesiva formación de inflamasomas que dañan nuestro cuerpo. En palabras de la coautora del estudio, la profesora Vishwa Deep Dixit: «Este estudio muestra que la forma en que el cuerpo quema grasa para producir cuerpos cetónicos a partir de los alimentos que comemos puede alimentar el sistema inmunológico para combatir la infección de la gripe.

Si superamos el Covid-19 es importante que nuestro sistema inmune sea capaz de volver a identificar de forma correcta el antígeno introducido durante la infección. De ello se encargan las células T  de memoria. Se ha encontrado en estudios (69) que el beta-hidroxibutirato generado en cetosis es es un regulador epige´netico del desarrollo de las células T con memoria CD8 +  , es decir, que juega un papel muy importante en la formación de estas células T, vitales para el buen funcionamiento del sistema inmune adaptativo.

Además, las condiciones metabólicas previas pueden empeorar el pronóstico al partir ya de un estado de inflamación previo y/o un sistema inmune debilitado. Hay otros síndromes autoinflamatorios y enfermedades asociadas a la NLRP3, como la diabetes tipo 2 y la aterosclerosis o el asma, con un claro componente inflamatorio. (38) que la alimentación cetogénica puede revertir o mejorar sus síntomas.

Alimentación cetogénica y micronutrientes

Estar malnutridos puede provocar que nuestro sistema inmune innato, el primero en hacer frente a la infección, reaccione tarde.  En estudios realizados en la Universidad de Iowa en USA, en el Hospital Universitario Regensburg de Alemania, y en la Universidad de Guangzhou en China, se ha comprobado que una carga viral importante unida a una señalización retrasada del interferón tipo I promueve gran acumulación de monocitos y macrófagos inflamatorios patógenos que provocan estas respuestas inflamatorias y la inmunopatología pulmonar que incide en la gravedad de la enfermedad pulmonar.

La alimentación cetogénica bien formulada aporta los micronutrientes esenciales tan necesarios para el correcto funcionamiento del sistema inmune. :

  • Vitamina A: su deficiencia disminuye el tamaño de dos órganos importantes, el bazo y el timo. Con el aporte correcto se consigue aumentar el número de linfocitos T y mejorar la capacidad citotóxica de las células NK.
  • Vitamina E: la deficiencia implica una mayor susceptibilidad a padecer infecciones. Imprescindible para la generación de anticuerpos y una adecuada actividad fagocítica (39), La vitamina E contrarresta el estrés oxidativo de las células inmunes (importante para la formación de glóbulos rojos), ejerce efectos inmunomoduladores e influyen en la resistencia a padecer enfermedades infecciosas. Su suplementación también es aconsejada en personas mayores.
  • Vitamina C: su deficiencia supone ser mas susceptibles para desarrollar infecciones del tracto respiratorio superior. Junto con la vitamina E potencian la respuesta inmune, al reducirse el ácido araquidónico. Además son antioxidantes muy poderosos, y disminuyen la producción de radicales libres, que se traduce en menor inflamación y menor daño mitocondrial. La combinación de vitamina C y estar en un estado de cetosis, tiene un gran poder frente a muchas enfermedades, incluido el cáncer, como ha demostrado en ratones el profesor Valter Longo (40)
  • Vitamina D: es vital para la regulación de la respuesta inmune. Su deficiencia nos hace más susceptibles a las infecciones y está vinculada a enfermedades autoinmunes. La vitamina D3 tiene efectos epigenéticos, y puede activar hasta 229 genes que mejoran la salud (41), optimiza el funcionamiento de las células musculares (42) y por tanto del músculo cardíaco, y evita rigidez de las arterias (43).
  • Vitaminas del grupo B: en especial la B12 relacionada con la producción adecuada de linfocitos, la B6 por su vinculación con el tamaño del timo y la B3 por su protección para los pulmones.
  • Hierro: este mineral nos garantiza un incremento en la respuesta de fagocitos y linfocitos T, y una cantidad adecuada de células NK. 
  • Zinc: muy importante para el sistema inmune porque interviene en apoptosis y en la modulación de la activación de los linfocitos T, maduración de los linfocitos B, producción de citoquinas y regula la función de la inmunidad innata, su deficiencia está asociada a linfopenia (44). Tiene un efecto inhibidor sobre la NFkB y ayuda a bajar los niveles de especies reactivas de oxígeno (ROS). Se almacenan muy pocas cantidades en el cuerpo a pesar de que desempeña un papel fundamental y niveles bajos de zinc implican un estado de inflamación crónica.
  • Selenio: tiene una gran importancia para modular una óptima función inmune y aumenta la producción de glóbulos blancos. Además tiene efectos antioxidantes y previene el envejecimiento celular . Los alimentos ricos en selenio son las nueces de brasil, el huevo, carne y pescado (atún, bacalao, mariscos…).
  • Cobre: necesario para la secreción de citoquinas y en la diferenciación, maduración y activación de células del sistema inmune.
  • Omega 3: tiene poderosos efectos antiinflamatorios y debe de existir un equilibrio con el ácido graso Omega-6 (1:1). Un déficit de ácido linoléico (Omega-6) está vinculado con un aumento de las infecciones

La alimentación cetogénica bien formulada nos asegura el aporte de estos micronutrientes esenciales.

Algunos micronutrientes como la vitamina A, ácido fólico, vitamina B12, vitamina B6, vitamina C, vitamina E, hierro, zinc, cobre y selenio, tienen efectos inmunomoduladores y su deficiencia nos hace más susceptibles a padecer infecciones. En adultos de edad avanzada es conveniente suplementarse, ya que tienen menos apetito y absorben peor los alimentos.

Alimentación cetogénica y microbiota

La microbiota, también juega un papel muy importante. Tanto por su vinculación con enfermedades metabólicas como por su relación con el sistema inmune. En centenarios se observan cambios en su microbiota, con hasta diez veces más cantidad de ciertas bacterias como la Eubacterium limosum, 

La microbiota es fundamental en el desarrollo de nuestro sistema inmune, protección de la obesidad, inflamación, regulación del balance energético, producción de vitaminas, absorción de minerales, (muy importantes para el sistema inmune) y en nuestro estado de ánimo. Controlan la producción de hormonas importantes, como la serotonina (hormona de la felicidad) y la melatonina (hormona del sueño)

La microbiota tiene un papel fundamental para conseguir un envejecimiento saludable. Funciona como un órgano endocrino y la clave consiste en proporcionar a las bacterias que lo componen aquello que necesitan para que nos correspondan generando sustancias que alimenten las células de la pared intestinal.

Si la barrera intestinal no está bien protegida, se crearán “agujeros”, es decir permeabilidad intestinal. Esto provoca que pasen al torrente sanguíneo sustancias tóxicas provocando que el sistema inmune se ponga en estado de alarma y generando inflamación de bajo grado mantenida en el tiempo.

Alimentando de forma adecuada a las bacterias de nuestra microbiota se generan ácidos grasos de cadena corta, acetato, propionato, butirato entre otras. El butirato es el alimento perfecto para las células epiteliales que protegen la barrera intestinal. Es tan importante que se ha encontrado en estudios que los bebés antes de que la dieta sólida sea introducida  sus bacterias del intestino producen butirato.

En adultos, si no proporcionamos a las bacterias de suficiente butirato, van a recurrir a la glucosa que circula por la sangre. Estro crea un ambiente tan rico en oxígeno que acaba ahogando a las bacterias saludables y permitiendo que sobrevivan las bacterias inflamatorias que perjudican nuestra barrera intestinal.

El butirato lo en encontramos en la fibra que consumimos cuando nos alimentamos con vegetales. La fibra es el alimento que necesitan las bacterias para corresponder con nosotros y proporcionarnos el butirato.

  •  Protege la barrera intestinal
  • Efecto antiinflamatorio: al inhibir citoquinas proinflamatorias y al producción de interleucinas antiinflamatorias, mejora la progresión de enfermedades como aterosclerosis, la hipertensión, la insuficiencia cardíaca, o la enfermedad renal crónica. (51)
  • Modula el sistema inmunitario: impulsa la especialización de las células T del sistema inmune adaptativo. Protege ante infecciones y reduce el riesgo de cáncer.
  • Producir vitaminas del complejo B y vitamina K
  • Mejora el sueño (45)

Los “bichitos” que tenemos dentro se agrupan en familias. Nos interesa tener abundancia y variedad de ellos, pero manteniendo una proporción adecuada. Las dos más abundantes, sobre el 80-90% corresponden a bacteroidetes y firmicutes.

Según los estudios nos conviene tener una proporción mayor de bacteriodetes que de firmicutes. Las personas obesas y muchas con patologías diversas, tienen más firmicutes (son capaces de digerir los polisacáridos y carbohidratos complejos de manera que se absorben más sus calorías). Hasta lo vemos también en órganos, el pulmón sano predominan los bacteroidetes, esta proporción se ve alterada en el pulmón enfermo. Niños con casi ausencia de enfermedades autoinmunes y sin obesidad, como los de Burkina Faso (África), en su microbiota tiene grandes cantidades de Bacteroidetes y tienen mucha menor abundancia de Firmicutes.

En los estudios sobre dietas cetogénicas en animales y personas, se comprueba que dependiendo de las grasas que se tomen, se mejora o se empeora la microbiota.

Si la mayor abundancia es de grasas saturadas empeora en diversidad y cantidad, también hay una disminución específica del contenido en Lactobacillus y a un aumento de Oscillibacter o de bacterias “malas” como la Bilophila wadsworthia. Si es de grasas que en su mayoría son monoinsaturadas hay estudios en que aumenta la variedad. Si sólo son poliinsaturados no altera la diversidad ni la cantidad. Si las grasas provienen de ácidos grasos cortos, ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados mejora la composición (16 semanas). Vemos que la composición de la alimentación cetogénica es muy importante, hay que tener un equilibrio para no pasarnos con los omega 6 y aumentar los omega 3. Por tanto hay que dar prioridad a las grasas que provengan de aceite de oliva, aguacate, frutos secos, pescado azul, etc.

Al disminuir la variedad de alimentos también debemos de conseguir que se mantengan bacterias saludables y muy importantes como Lactobacillus  y Bifidobacterias. 

«Las personas que tienen una alta cantidad de firmicutes en su microbiota intestinal tienen más riesgo de diabetes, obesidad, hipercolesterolemia, predisponiéndoles a un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular. Por el contrario, los bacteriodetes van a apagar genes que se relacionan con patología cardiovascular, diabetes, obesidad y cáncer»

Guillermo Aldama especialista en Cardiología intervencionista del Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña

La alimentación cetogénica incluye alimentos ricos en polifenoles. Los polifenoles aumentan el crecimiento de los Lactobacillus (reducen la incidencia de afecciones respiratorias y la disminución de la severidad de los síntomas) y de las Bifidobacterias. Nutren las células intestinales y reducen el riesgo de cáncer de cólon e incluso desencadenan una cascada de eventos metabólicos: reducen los azúcares en la sangre, los triglicéridos, mayor HDL, reducción de la presión arterial, reduce la grasa visceral y previene la reabsorción del ácido biliar (tener menos cantidad tiene relación con el síndrome de intestino irritable, dermatitis atópica, etc.). También inhiben bacterias con un elevado potencial patógeno como la Enterococcus faecalis y desactivan genes que predisponen al desarrollo de obesidad y diabetes. La proteína vegetal que se ingiere también mejora la composición de la microbiota.

Los alimentos vegetales permitidos en la alimentación cetogénica producen en concentraciones bajas la formación de sulfuro de hidrógeno. Actúa como un compuesto de señalización a partir de un componente de la dieta vegetal, la sulfoquinovosa. La sulfoquinovosa alimenta las “buenas” bacterias intestinales, lo que limita la capacidad de las bacterias “malas” para colonizar el intestino.

Como probiótico se puede consumir kéfir, yogurt griego, y otros lácteos fermentados, que aumentan especies beneficiosas como Lactobacillus y/o Bifidobacterias. 

La recomendación habitual para adultos es un consumo de 25 a 30 gr. de fibra al día. En una alimentación cetogénica bien formulada podemos obtener la fibra de las verduras, semillas o nueces pero puede ser algo más complicado llegar a ese mínimo. Sin embargo, en cetosis nutricional, el contexto es diferente,  producimos beta-hidroxibutirato y parte del mismo se utiliza para conseguir la integridad del revestimiento intestinal. (47)

El butirato que se consigue con la fibra también es transportado por la circulación sanguínea por todo el cuerpo por sus efectos beneficiosos. Es por eso que se suele aconsejar una alimentación alta en fibra. Sin embargo, el hígado puede producir entre 75 y 150 gr. de beta-hidroxibutirato aportando los mismos beneficios que el butirato o incluso aún más

Ambos pueden ser usados como combustible para las mitocondrias de las células, y tienen efectos epigenéticos, siendo todavía más potente el efecto antiinflamatorio del beta-hidroxibutirato.

Sin ser un nutriente esencial, la fibra es muy necesaria para la salud de la microbiota y tiene efectos beneficiosos importantes.

Con una alimentación cetogénica bien formulada, podemos conseguir lo mejor de la fibra que obtenemos con la alimentación y también cetonas, obteniendo beneficios de ambas al mismo tiempo. Se han constatado las profundas sinergias que hay entre el beta-hidroxibutirato producido en estado de cetosis y el butirato generado por nuestra microbiota, con el consiguiente beneficio en el sistema inmune, la inflamación y la cognición. (48)

Alimentación cetogénica y mitocondrias

La disfunción mitocondrial está detrás de un sinfín de enfermedades. Entre ellas la diabetes. El cuerpo es incapaz de generar suficiente insulina para abastecer la demanda impuesta por la resistencia a la insulina. Al cabo del tiempo ésto acaba provocando hiperglucemia, que produce superóxido mitocondrial en las células endoteliales, contribuyendo a problemas cardiovasculares, hipertensión, envejecimiento, insuficiencia cardíaca y sepsis. Todos ellos relacionados con los peores pronósticos para pacientes del Covid-19.

El exceso de glucosa en sangre acaba glicando las proteínas y pueden unirse a las mitocondrias alterando su función.

También se ha observado que, en personas con diabetes, hay una capacidad disminuida en la cadena de transporte de electrones de las células del músculo esquelético (parte del proceso de convertir nutrientes en energía), lo que provoca mitocondrias más pequeñas de lo normal y tendencia a acumular más lípidos dentro de ella, dañando a la mitocondria. Con este daño, no se pueden metabolizar con normalidad estos lípidos provocando radicales libres tóxicos para la célula. Se entra en un círculo vicioso, la acumulación de lípidos provoca disfunción mitocondrial y el daño a la mitocondria genera acumulación de lípidos que al no poder ser metabolizados promueven una mayor acumulación.

Así, el proceso es el siguiente. El daño mitocondrial provoca acumulación de lípidos en las células. Esto acaba provocando resistencia a la insulina. Las células beta del páncreas se ven forzadas a producir más insulina (requieren más energía para hacerlo), y a corto plazo consiguen controlar el azúcar en sangre. Con el tiempo, el metabolismo alto y la gran demanda energética que se le impone a las células del páncreas, acaba dañando sus mitocondrias. Con el «motor» averiado las células beta comienzan a morir, ya no pueden producir altas cantidades de insulina y el aumento de la glucosa en sangre ya está descontrolado.

Una gran ventaja de la alimentación cetogénica es que con ausencia de hambre no real, motivada por caídas de glucosa en sangre, no se consume un exceso de energía por medio de los alimentos. Así se consigue uno de los grandes y fascinantes beneficios, la reducción de los radicales libres (49) y por tanto reducir el daño mitocondrial.

Una alimentación cetogénica permite comer hasta saciarse y no pasar hambre, disminuyendo las calorías que aportan los carbohidratos y aumentando las proteínas que no supone apenas un aporte en calorías. Esto conlleva un aumento de la longevidad (65) (95), a conseguir mantenernos «jóvenes» más tiempo, previene de enfermedades y retrasa la aparición de otras (como linfoma, cáncer de mama, próstata o cólon). Es decir, desaceleramos el envejecimiento.

La conversión de alimentos a energía en forma de ATP requiere un intercambio constante de electrones en las mitocondrias. Menos calorías significan menos electrones, y esto implica menos radicales libres y por tanto, retrasar el envejecimiento. Otra ventaja con respecto al envejecimiento es que mejora enfermedades neurodegenerativas como el Parkison y el Alzehimer (45). Es un gran protector neuronal, mejorando la memoria y el aprendizaje ya que las mitocondrias de las neuronas usan las cetonas de manera muy eficiente para producir ATY y ayudan a las más vulnerales a protegerse de los radicales libres.

Además, uno de los cuerpos cetónicos, el beta-hidroxibutirato, inhibe un tipo de enzima llamada histona deacetilasa. De esta forma se consigue que ciertos genes se expresen, en concreto, genes antioxidantes que favorecen la resistencia al estrés oxidativo. Además, la inhibición esta enzima se asocia con un aumento de la biogénesis mitocondrial (más mitocondrias y más eficientes), mayor tolerancia y niveles más bajos de glucosa e insulina (mejora la sensibilidad a la insulina), y aumentos de la tasa metabólica, por lo que hay beneficios para tanto para prevenir la obesidad como en pacientes ya obesos y/o con diabetes (protege al riñón del daño oxidativo).

Necesitamos tener mitocondrias lo más saludables posibles y cuanto mayor sea la cantidad que tengamos mejor. Si se deterioran, las tasas de oxidación de las grasas disminuye y esto significa menos energía que conseguimos obtener de los alimentos. La desaceleración contribuye a acumular grasa en las células del músculo y del hígado, a una disfunción de las células beta del páncreas con la consiguiente intolerancia a la glucosa y en última instancia, a diabetes 2.

La gran ventaja es que está en nuestra mano revertir esta situación. La alimentación cetogénica, la restricción calórica, el ayuno, y el ejercicio consiguen recuperar la capacidad normal del páncreas para producir insulina, que el hígado y los músculos vuelvan a ser más sensibles a la insulina y aumentar la densidad mitocondrial (en estudios hasta en un 67% en 4 meses).

La alimentación cetogénica bien formulada permite revertir y enfermedades metabólicas y utilizar medicamentos para tratarlas.

Los medicamentos dañan la función mitocondrial tanto de forma directa como indirecta (46). Inhibiendo enzimas o dañando componentes de la cadena de transporte de electrones que contribuyen a la formación de ATP. También disminuyendo los antioxidantes (como el glutation), que evitan la excesiva producción de radicales libre, o agotando nutrientes que se necesitan para convertir alimentos en energía (estatinas). Tanto es así, que muchos efectos secundarios de las medicinas vienen derivados del daño mitocondrial que provocan.

A medida que envejecemos y la función mitocondrial se ve comprometida, el uso de medicamentos (para el colesterol, epilepsia, diabetes, Parkinson, analgésicos y antiiflamatorios, ansiolíticos, antidepresivos, antipsicóticos, antibióticos, etc.) empeora aún más si cabe la situación (50).

Alimentación cetogénica y obesidad

La obesidad es un desequilibrio hormonal y la alimentación cetogénica consigue equilibrarlo. Uno de los «efectos secundarios» positivos de estar en cetosis, una vez que hemos superado la resistencia a la insulina, es la perdida de peso en forma de grasa.

La inflamación del tejido adiposo en la obesidad, demuestra que el sistema inmunitario y el metabolismo están integrados. La pérdida del exceso de grasa mejora la sensibilidad a la insulina (51) y cambios en la inmunidad adaptativa, de un perfil proinflamatorio a uno antiinflamatorio (52) .

Estar en cetosis ayuda en el proceso, porque la sensación de hambre entre comidas se elimina, y en este estado conseguimos por un lado aumentar la tasa metabólica, «desperdiciando» energía como calor, y por otro eliminamos energía a través de los derivados de cetonas que expulsamos del cuerpo (a través de la orina, sudor o exhalación). Entramos en un modo de «quema de grasas» que ayuda a disminuir tanto la grasa visceral como el tejido graso.

No es casualidad que tengamos sólo una hormona para puede aumentar el hambre (grelina) y sin embargo tengamos hasta cinco hormonas para hacer atenuar la misma sensación de hambre.

El tejido adiposo proinflamatorio tiene altos niveles de leptina, y bajos niveles de adiponectina y los macrófagos sobre todo de la grasa visceral, genera moléculas inflamatorias como la IL-6 y el TNF-alfa, las mismas que también hace aumentar el Covid-19, llegando entonces a niveles muy altos.

Necesitamos un tejido graso sano, poco inflamatorio, con un predominio de las citoquinas antiinflamatorias sobre las inflamatorias. Para ello necesitamos que se active el mecanismo lipolídico. Es decir, permitir al cuerpo estar más tiempo en este modo de quema de grasas que ha sido durante miles de años tan natural para el ser humano.

La alimentación cetogénica es una forma de alimentación que permite adquirir la capacidad de usar las grasas como forma de obtener energía con facilidad. Es lo que se conoce como flexibilidad metabólica, tener la capacidad para cambiar de fuente de combustible (carbohidratos o grasas) para obtener la energía. Esta flexibilidad la la hemos perdido, por tener tanto tiempo altos niveles de glucosa e insulina en sangre. Mientras la insulina permanezca alta, esta energía de las grasas permanece “atrapada” en las células grasas. La alimentación cetogénica permite disminuir la insulina en la sangre, y así conseguir que las mitocondrias de las células pueden usar grasa acumulada (y la que comemos) para generar energía.

Reducir la ventana de ingesta de comidas y fijar el número de comidas a un máximo 3, junto con ejercicio moderado, nos ayudarán a acelerar el proceso. La recomendación de comer pequeñas cantidades varias veces al día, incluso en personas con diabetes, sólo consigue empeorar la enfermedad (53), provoca mayor acumulación de grasa visceral y abdominal e hígado graso no alcohólico(54), y provoca una respuesta inadecuada (por elevada) de insulina (55). La mejor respuesta hormonal la encontramos en mayores cantidades de comida en pocas ingestas diarias. Y comer despacio también incrementa las hormonas de la saciedad.

Alimentación cetogénica y ventana de comidas

Una de los grandes beneficios de la alimentación cetogénica es la ausencia de hambre no real. El hambre que produce el desequilibrio hormonal, provocado por consumir alimentos ricos en carbohidratos, glucosa y fructosa, desaparece.

Esto permite disminuir la necesidad de comer varias veces al día y mantener sólo tres, dos, o incluso una sola comida al día (OMAD). Los beneficios de mantener períodos de tiempo sin comer son muy importantes. Y lo que es también revelador, dichos beneficios se mantienen sin necesidad de restricción calórica. Es decir, comemos la misma cantidad, pero reducimos la ventana de comidas.

En este estudio reciente se constata que hacer dos comidas al día, con 14 horas de ayuno, durante 30 días, sin restricción calórica, se consiguen grandes beneficios para la salud: proteoma sérico protector contra el cáncer, reparación del ADN, señalización de la insulina, reloj circadiano, regulación de proteínas clave para el metabolismo de la glucosa y los lípidos, y remodelación del citoesqueleto, sistema inmune y función cognitiva.

Este hábito del ayuno intermitente es una de las herramientas más poderosas que podemos utilizar (siguiendo o no una alimentación cetogénica). Nos ayudará a prevenir patologías que empeoran un peor pronóstico por Covid-19 y las causas que inciden en la tormenta de citoquinas que puede provocar.

Alimentación cetogénica y asma

Como asmático que soy puedo dar fe de los grandes beneficios que tiene una alimentación cetogénica para los que padecemos asma. De pasar de medicarme con inhaladores (para EPOC) a no necesitar tomar ningún medicamento para el asma y hacer ejercicio sin problema respiratorio alguno.

La medicación que tomaba me hacía más susceptible a infecciones respiratorias y cada año padecía uno o dos procesos. Desde que conseguí abandonar la medicación para el asma ,no he vuelto a tener infecciones respiratorias, que tantas secuelas dejan en los pulmones.

No fue de un día para otro. Se necesita tiempo para que el cuerpo haga los cambios necesarios en el metabolismo, en mi caso tardé más de 6 meses. Puede que no los hubiese necesitado antes, pero la dependencia psicológica del inhalador es muy alta.

El asma es una enfermedad que provoca inflamación pulmonar y en la activación del asma severa está involucrada el inflamasoma NLRP3 (56). El beta-hidroxibutirato, uno de los cuerpos cetónicos que se producen de forma natural cuando ayunamos, o en una alimentación cetogénica, inhiben la activación del inflamasoma, evitando dicha inflamación (57).

La obesidad y el asma están muy vinculadas, e incluso la medicación para tratarla responde peor en personas obesas que en delgadas. Esto es porque se altera la microbiota (58) (59) y se produce un estado inflamatorio. La alimentación cetogénica consigue la pérdida de grasa, una microbiota saludable (60) y un estado antiinflamatorio.

Siguiendo una alimentación cetogénica evitamos alimentos ricos en lectinas (gluten entre otras), como los cereales y las legumbre, que provocan intestino permeable, origen de muchas enfermedades autoinmunes como el asma (y otras como dermatitis atópica, psoriasis, artritis reumatoide, alergias, etc.)

También se consumen más otros alimentos que mejoran la inflamación de las vías respiratorias inducidas por los ácaros del polvo (como queso de cabra 61).

Alimentación cetogénica y medicamentos

Es importante informar al médico que estamos siguiendo una alimentación cetogénica. Tiene la capacidad de revertir en la gran mayoría de personas, tanto los síntomas, como el origen de la enfermedad (62) (63) por la que nos estemos medicando. Con el tiempo no serán necesarias las estatinas para el colesterol, la insulina para la diabetes 2, los antihipertensivos para la tensión alta, los inhaladores para el asma, los ansiolíticos para la ansiedad, y cualquier otro medicamento que nos receten para estas enfermedades metabólicas e inflamatorias.

Por eso hay que mantener la comunicación adecuada con nuestro médico para ir disminuyendo de forma gradual la medicación a medida que disminuyan los síntomas. Es peligroso hacerlo por nuestra cuenta.

Esto traerá una ventaja. Eliminaremos aquellos medicamentos que interaccionan con el Covid-19 (puedes descargar la lista aquí), evitar los indeseables efectos secundarios de los medicamentos, que aumenten la probabilidad de padecer otras enfermedades , que interaccionen con medicación que nos puedan dar contra el Covid-19, que alteren nuestra microbiota, que inhiban la producción de vitaminas y otras moléculas esenciales, que reduzcan la producción de cetonas y que causen alteraciones en nuestras mitocondrias, el motor de nuestras células. 

La única desventaja es que tendrás que mantenerte firme ante el médico si prefiere seguir medicándote para tapar síntomas de enfermedades curables.

Los estudios realizados demuestran que la alimentación cetogénica bien formulada es segura y saludable para la mayoría de las personas, pero tiene mala prensa por una sencilla razón. Ni la industria de los alimentos procesados, ni la industria farmacéutica, ni los profesionales médicos obtienen un beneficio de ello. La publicidad que reciben los medios informativos caería si no se anuncian en ellos estas grandes industrias, por lo que la prensa tampoco va a trasmitir información veraz. Hay que tener muy claro que el médico no es ningún especialista en nutrición, que no ha estudiado casi nada de esta materia en la carrera, y se guía por recomendaciones dietéticas obsoletas y basadas en intereses que nada tienen que ver con la salud. Mantener una actitud firme pero colaboradora con el médico para ir dejando la medicación a medida que disminuyen los síntomas, es la táctica más razonable, sin entrar en discusiones que no llevarán a ninguna parte.

Informarte leyendo estudios, buscar algún médico o nutricionista especialista en alimentación cetogénica o baja en carbohidratos, o ingresando en algún grupo de Facebook que prioricen la salud a la hora de seguir esta alimentación, son otras estrategias muy útiles para conseguir el objetivo de recuperar la salud.

Alimentación cetogénica y suplementos

Es conveniente suplementarse con sodio (5.000-7.000 mg. al día), potasio (1.000-3.500 mg. al día) y magnesio (300-500 mg. al día).

Un electrolito muy importante por su vinculación con el sistema inmune es el magnesio . Es un cofactor crítico en más de 300 reacciones bioquímicas en nuestro cuerpo y aún más importante, lo que llamamos ATP es en realidad ATP-magnesio, es decir, el ATP tiene que estar enlazado al magnesio para que esté activo biológicamente. Por eso todas las células tienen magnesio, y las mitocondrias son los almacenes intracelulares del magnesio. Y hasta 300 enzimas requieren del magnesio para realizar su función catalizadora, entre ellas las que sintetizan ADN y ARN y también las que sintetizan ATP.

La deficiencia de magnesio está implicada en afecciones como hipertensión, migraña, ansiedad, arritmias, accidente cardiovascular, insuficiencia cardíaca congestiva, asma, diabetes, arterioesclerosis, etc.

¿Comenzar una alimentación cetogénica mientras dura la pandemia del Covid-19?

El tránsito de pasar de una alimentación alta en alimentos procesados y carbohidratos a una alimentación cetogénica requiere un período de adaptación. Es necesario que nuestro cuerpo pase de obtener la energía de la glucosa en su mayor parte a conseguirla de las grasas y los cuerpos cetónicos. Esto va provocar unos pocos días de malestar que se pueden confundir con síntomas de Covid-19.

Conseguir los cambios epigenéticos que permiten revertir enfermedades no llegan de un día para otro. Pueden pasar hasta 6 meses hasta poder conseguir librarnos de enfermedades que llevamos padeciendo toda la vida, pero con constancia se consigue. Una vez alcanzado el objetivo, con una alimentación baja en carbohidratos y manteniendo la norma de no comer más de tres veces al día, permitiendo ventanas de ayuno amplias, se mantienen los efectos positivos. Es decir, podemos alternar épocas del año con una alimentación cetogénica y en otras seguir una alimentación baja en carbohidratos.

Cuando la pandemia haya pasado si sería un buen momento para comenzar este estilo de vida. 

Si ya estamos siguiendo esta alimentación saludable, no es el momento de abandonarla. Nada nos podrá mantener mejor preparados para afrontar el Covid-19 que una alimentación cetogénica bien formulada. No impedirá que nos contagiemos, ni evitará que tengamos síntomas, pero conseguirá afrontarlo sin tener patologías previas, sin estar malnutridos, inflamados, con disbiosis intestinal y con un sistema inmune deprimido.

Nos permitirá afrontar el Covid-19 sin enfermedades asociadas a un síndrome metabólico y previniendo otras, sin grasa visceral, con un metabolismo de la glucosa correcto, con un tejido graso saludable que nos permite reducir la probabilidad de tener una respuesta inflamatoria exagerada ante una infección por el coronavirus.

Además, en estos momentos tan complicados se genera un estado de ansiedad y depresión. La alimentación cetogénica ha demostrado su gran capacidad para mejorar estos estados psicológicos (68) (93) y mejora mucho el sueño.

Polifenoles

El galato de epigalocatequina, conocida como  EGCG, es un polifenol que tiene un potente efecto antiviral .(1) Lo encontramos sobre todo en el té verde. 

Otros flavonoides también mejoran la respuesta inmune y tienen funciones antiinflamatorias a través del bloqueo de NF-κB, y el inflamasoma NLRP3 e inhiben citoquinas proinflamatorias: IL-1β, IL-2, IL-6, TNF-α, IL-17A. También mejoran la producción de anticuerpos y disminuyen las especies reactivas de oxígeno (ROS) (2)

Melatonina

La melatonina es una hormona que segreguemos durante el sueño, mejorando su calidad. Los niveles disminuyen a medida que cumplimos años, los niños pequeños pueden llegar a producir hasta diez veces más que un adulto.

La melatonina tiene características que pueden ayudar a luchar contra el Covid-19. Es capaz de inhibir el inflamasoma NLRP3, evitando la respuesta inmune exagerada (50).  Además, es capaz de inhibir la puerta de entrada del virus a la célula (una catepsina) y al mismo tiempo suplir los efectos antiinflamatorios y antioxidantes que disminuyen cuando el virus utiliza los receptores ACE2 que cumplen esa función.

Ciertos alimentos puede estimular la producción de melatonina (nueces, espinacas, queso blanco, ajo, tomates maduros, etc.). Suplementarse también es una buena estrategia para adultos, además de mantener unos buenos hábitos de sueño. De 1 a 5 mg. cada noche antes de dormir es lo recomendable, y lo mejor es consultarlo con el médico.

Vitamina D y Covid-19

No es casualidad que todas las células del sistema inmune tengan receptores para la vitamina D.

La vitamina D en el organismo puede tener distintos orígenes. La vitamina D se obtiene partir del colesterol sintetizada en la piel, por la acción del sol o sintetizada a partir de los animales (colecalciferol, vitamina D3), o vegetales  (ergocalciferol, vitamina D2, producida principalmente por hongos y levaduras), o por suplementos.

Entre sus funciones destacar que tiene un efecto antiinflamatorio y un es vital para el sistema inmune.

Vitamina D y sistema inmune

Entre sus funciones, la vitamina D tiene un papel relevante en la modulación de la respuesta inmune, muy importante en el control de las infecciones. Para ello, la vitamina D se une a un receptor específico (VDR) que se puede encontrar en diferentes tejidos y en el sistema inmune, tales como las células dendríticas, macrófagos, linfocitos T CD8+, CD4+ y linfocitos B.

En el marco de la inmunidad innata, el calcitriol (forma activa de la vitamina D) puede incrementar los efectos antimicrobianos de monocitos y macrófagos, aumentando su capacidad de fagocitosis, quimiotaxis y la síntesis de péptidos antimicrobianos.
Por otro lado, en el marco de la inmunidad adaptativa, se ha visto que el calcitriol puede inhibir la producción de citoquinas tales como la interleuquina 12 (IL-12), la IL-17, IL-23 o citoquinas proinflamatorias como la IL-6o la IL-1, al mismo tiempo que puede aumentar otras citoquinas antiinflamatorias, como la IL-10. Estos efectos son característicos en las respuestas de las células T reguladoras, una subpoblación de células inmunes encargadas de “controlar” la respuesta inmunitaria y evitar el desarrollo de fenómenos de autoinmunidad.

Con la actual situación de riesgo por la pandemia, los valores ´óptimos serían como mínimo por encima de 30 ng/mL e ideal entre 60 y 90 ng/mL.  Suplementarse dos veces al día con 2.000 IU mejor que una toma de 5.000 IU.

Un aporte insuficiente de vitamina D en personas mayores y de mediana edad está asociado a un aumento de la mortalidad.

Dr. Armin Zittermann, Jefe del Centro de Estudios de la Clínica de Cirugía Torácica y Cardiovascular Bad Oeynhausen

La carencia de vitamina D empeora el perfil lipídico, y esta vitamina se crea a partir del colesterol.

El colesterol tiene un efecto protector contra las infecciones (53), sobre todo el LDL. Es un activador del sistema inmune y en estudios en pacientes de Covid-19 se observa que se produce un marcado descenso del colesterol LDL, que aumenta una vez se ha superado la enfermedad, excepto los que fallecen, que baja hasta el final.

El tratamiento con estatinas inhiben el colesterol y también afectan a los niveles séricos de la vitamina D (62), ambos muy importantes para nuestro sistema inmune. Puede que este medicamento tenga incidencia en la mala evolución del Covid-19. (71) y otros también pueden tener una interacción con el Covid-19 al provocar disfunción mitocondrial.

Ejercicio moderado

Se ha demostrado que el ejercicio aeróbico de intensidad moderada tiene marcados efectos antiinflamatorios (sobre todo citoquinas como la IL-6 y la IL-10). Tiene también efectos beneficiosos sobre las células epiteliales de las vías respiratorias al reducirse la actividad proinflamatoria en las mismas y consigue que seamos menos susceptibles a la fibrosis pulmonar, contrarrestando los daños que provoca el Covid-19.

El ejercicio de fuerza, también influye en el sistema inmunitario. El músculo esquelético es un órgano inmunorregulador importante ya que genera mioquinas, una variedad de proteínas, que tienen efectos  inmunoprotectores y antiinflamatorios.

Controlar el estrés

Es difícil en situaciones como las que estamos ahora, con una pandemia y un futuro económico nada halagüeño, pero es vital mantener la ansiedad bajo control. Cuando estamos estresados segregamos cortisol. En momentos puntuales no hay problema alguno pero si se mantiene en el tiempo, el sistema inmune se ve afectado.

El cortisol puede debilitar la actividad del sistema inmune evitando la proliferación de células T. El cortisol transforma a las células T productoras de interleucina-2, insensibles a la interleucina-1 (IL-1) e incapaces de producir el factor de crecimiento de las células T. El cortisol también tiene un efecto negativo sobre la interleucina-1. Las células NK (Natural Killer), en cambio, no son afectadas por el cortisol.

Es estrés también nos puede provocar ansiedad.

Puede que tengamos alguna molestia, algo de malestar o incluso fiebre, y el estado de ansiedad que genera pensando que nos hemos contagiado del Covid-19 provoque que nos falte aire. Lo mejor es usar un aparato que mide la saturación de oxígeno a través de la yema del dedo. Si es mayor del 95% hay que intentar mantener la calma ya que la sensación de ahogo puede ser un síntoma de ansiedad.

Pulxiosímetro como medida de control del Covid-19

Pulxiosímetro¿Qué hacer?
>95%Mantener la calma
Volver a medirlo
Entre 90%-95%Tratar de inmediato
Llamar a los servicios médicos
<90%Hipoxia severa
Conseguir atención médica urgente
<80%Requiere ventilación mecánica

 

El peligro de automedicarse

En personas jóvenes también hay que tener cuidado con los antiinflamatorios al comienzo de la enfermedad, ya que se han registrado los casos más graves en estos casos. Hay que evitar la aspirina, el ibuprofeno, el Naproxeno, el Voltaren (diclofenaco), etc., porque favorecen las formas graves.


Sólo se debe tomar Paracetamol pero hay que tener en cuenta que la fiebre es necesaria (54), sobre todo al inicio de la enfermedad. El potencial antiviral de los interferones y el impacto en la síntesis proteica y en las enzimas que dificulta al virus replicarse, ocurre a partir de los 38 grados (hasta 40 grados en la mayoría de las personas no supondría un peligro). La fiebre es un mecanismo de defensa natural e interrumpirlo sólo puede aumentar el riesgo de una mayor cantidad de citoquinas proinflamatorias.

Los antipiréticos son además oxidativos y pueden empeorar la situación aumentando la oxidación en las células del pulmón, es el médico el que debe de valorarlo y no automedicarse. Bajar la fiebre con métodos naturales como bolsas de hielo en la cabeza mientras se calientan los pies, paños de agua fría en axilas o la nuca, hidratarse con bebidas calientes como caldos de verduras, templadas y agua son otras estrategias para bajar la fiebre de forma natural.

Cómo se transmite el COVID-19

El virus puede propagarse al tocar una superficie o un objeto que tiene el virus y luego tocarse la boca, la nariz y también los ojos. El virus no atraviesa la piel, es una barrera, siempre penetra por los receptores de las membranas mucosas, y los ojos, la boca, y la nariz, tienen membranas mucosas.  Es importante lavarse las manos con agua o jabón o usar un desinfectante para manos a base de alcohol y protegerse los ojos cuando estemos en sitios cerrados con más personas.

Necesitamos tomar precauciones adicionales para evitar el contagio: desinfectar la compra que hagamos o dejarla en «cuarentena»; quitarnos los zapatos y dejarlos en la entrada de casa; lavar la ropa a más de 70 grados tras haber estado en lugares públicos.

El COVID-19 también se propaga a través de las gotas respiratorias producidas cuando una persona infectada tose o estornuda. Estas gotitas pueden ser inhaladas a los pulmones. La propagación es más probable cuanto más cerca estén las personas entre sí. Un estornudo puede alcanzar los 8 metros, y si vamos detrás de una persona que va corriendo, su respiración agitada puede hacernos llegar las gotitas infectadas, ya que la gotícula con el aire se seca y disminuye el tamaño a menos de 5 micras, y se mucho más ligero, pudiendo infectar a varios metros de distancia.

 

No sólo es posible contagiarse por una persona que tose o estornudo. Según este estudio de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. en Maryland, se constata que solo con pronunciar dos palabras: «stay healthy» se emitían miles de gotas finas en el aire que podrían representar un riesgo para los demás si esa persona está infectada con el virus. Se observa en un solo cuadro de 17 milisegundos del video hasta 360 gotas de saliva. Sin embargo, con una simple mascarilla casera humedecida no se observa ninguna.

Hay que ser muy conscientes que el virus por tanto se puede propagar por el aire, y que un sólo minuto de habla en voz alta puede generar partículas infectivas que permanecen en el aire de 8 a 14 minutos.

Uso de la mascarilla

Es inconcebible que en muchos países no se obligue a usar las mascarillas a toda la población, tanto en el exterior cuando estamos cerca de otras personas, como sobre todo en sitios cerrados, supermercados, farmacias, oficinas, etc. Se aconseja llevarla sólo si tenemos la enfermedad para no propagarla. Pero si estamos una semana sin síntomas, y es el momento que más particula infectiva tiene cada gota de saliva, ¿no sería de sentido común obligar a llevarla?. Los países que han obligado a usar mascarillas han tenido un mejor control de la infección

Hay una clara correlación entre los países que mejores resultados han obtenido en el control de la pandemia, dependiendo de la obligación o no de usar las mascarillas.

Control del Covid-19 por países en función de la obligatoriedad de usar mascarillas

Que la tasa de mortalidad sea baja para personas jóvenes no quiere decir que no mueran por COVID-19 también ellas y que no puedan transmitir la enfermedad. Deberían de tomar las precauciones necesarias para evitar contagiarse y contagiar a los demás usando mascarillas. Aunque no estén obligados por ley, deberían de usarla por solidaridad con sus semejantes más vulnerables.

Para el uso de las mascarillas no podemos fiarnos de las informaciones contradictorias que nos dan los políticos que nos gobiernan. No veremos a ningún mandatario del gobierno, con independencia de su ideología, derrumbado en un pasillo esperando a que le atiendan en un hospital público, atendido por un personal sanitario al que han dejado sin medios y jugándose la vida a cada minuto. No tendrán ningún problema en tener acceso a test, a ingresar en cuidados intensivos, a material de protección, o a un seguimiento personalizado.

Para las personas corrientes la realidad es muy distinta. Muchos han muerto en casa o en una planta de cuidados paliativos por falta de medios, por no tener acceso a un respirador en cuidados intensivos. Tanto ancianos como personas de mediana edad. Con la gente mayor, se está cometiendo una gran injusticia social. Se les ha discriminado a la hora de acceder a una UCI en los momentos de saturación, a pesar de ser los que más han contribuido vía impuestos a mantener el sistema sanitario.

Debemos de actuar con sentido común y usar las mascarillas para protegernos a nosotros ,y también proteger a los más vulnerables, siempre que salgamos de nuestra casa.

Secuelas de una infección por coronavirus

Una posible consecuencia debido a la neumonía es la fibrosis pulmonar. Consiste en que el tejido pulmonar se cicatriza y se vuelve más rígido y grueso, perdiendo la capacidad respiratoria y dificultando que a la sangre llegue el suficiente oxígeno. En enfermos de otros coronavirus como el SARS o el MERS, se ha observado una función pulmonar deteriorada como consecuencia de la neumonía (40) y dependiendo de la edad y de la gravedad de la enfermedad, hay un mayor daño en los pulmones (39). En seguimiento un año después del alta en pacientes con SARS se observó cierta mejoría espontánea (35).

En autopsias realizadas en Italia se han constatado trombosis a nivel de la vena porta y cava. Parece que puede dejar secuelas por este efecto protrombótico y dar lugar a otras patologías derivadas de ésto, en pacientes que no las tenían. Los pacientes graves que han superado la enfermedad deberían tener un seguimiento estricto porque hasta tres semanas e incluso más, se pueden producir problemas vasculares como microtrombos.

También se han referido casos con secuelas por insuficiencia renal y daños neurológicos. La pérdida de gusto y olfato se mantiene en algunos casos semanas después de pasar la enfermedad.

Los corticoesteroides administrados para salvar la vida de un paciente, como la cortisona, pueden originar necrosis avascular. Es decir, el hueso muere, sobre todo de la cadera, pero también de rodillas, hombros, tobillos y muñecas. En estudios (38) se observó un que en un plazo de 3 años un increíble 58% de los pacientes tratados por SARS con corticoesteroides habían desarrollado necrosis avascular. Dependiendo de las dosis totales aumenta la probabilidad de padecerla y la gravedad de la dolencia está relacionada con la dosis máxima diaria administrada (39). Algunos pacientes a los 3-4 meses ya presentaban necrosis de cadera.

Se desconoce si el virus, al igual que pasa en otras enfermedades, permanece latente, quede acantonado en alguna zona y ese sea el motivo de la «reinfección» que aparece en algún paciente.

Necesitamos con urgencia estudios sobre los daños provocados por el virus en los distintos órganos y para todos los grupos de edad.


Los coronavirus llevan en este planeta antes que nosotros y es seguro que cada vez será más probable que aparezcan nuevas variantes por mutaciones de los virus tradicionales.

Para hacer frente al Covid-19, y puede que a otros virus que vengan en un futuro, necesitamos estar en el mejor estado físico posible. Puede infectar a personas sanas y otras con patologías previas, causando la muerte de ambas, pero hay más probabilidades de salir con vida si no tenemos enfermedades.

La combinación de síndrome metabólico, malnutrición y un sistema inmune envejecido, es lo que puede hacernos acabar en una UCI con un respirador luchando por salvar la vida. Necesitamos hacer cambios en nuestro estilo de vida para mantenernos lo más sanos posibles para luchar contra el Covid-19.

Sin duda puede haber factores genéticos que influyan en que nos afecte de forma más grave la enfermedad, pero podemos incidir en la expresión de nuestra genética con cambios epigenéticos, a través de la alimentación adecuada y ejercicio, que pueden prevenir y curar enfermedades crónicas. Los nutrientes tienen efectos moduladores sobre el sistema inmunitario y un adecuado aporte de micronutrientes: vitaminas, ácidos grasos, minerales, aminoácidos y antioxidantes, son vitales para un adecuado funcionamiento del sistema inmune.

La inflamación crónica, la malnutrición (carencia de micronutrientes esenciales), la inmunosenescencia, la hiperinsulinemia, la hiperglucemia, acaban afectando y desequilibrando al sistema inmune, al ejército que va a presentar batalla al Covid-19. También provocan las enfermedades con peor pronóstico

Si llevamos un estilo de vida inadecuado, con una alimentación basada en alimentos procesados (altos en azúcar y grasa), aceites vegetales, fructosa, y el resto de alimentos «naturales» altos en carbohidratos sin fibra, comiendo varias veces al día, la consecuencia será la aparición de enfermedades metabólicas.

La solución que nos darán los médicos para evitar estas enfermedades evitables, son medicamentos que incidirán en las consecuencias del problema, pero no en la causa principal. Muchos provocarán efectos secundarios que a la larga empeorarán nuestra salud, y pueden tener interacciones con el Covid-19 (puedes descargar la lista de medicamentos que interaccionan con el Covid-19) e incluso aumentar las complicaciones provocada por una neumonía  (31).

Necesitamos comer alimentos para los cuales estamos adaptados evolutivamente. El problema es que los alimentos procesados hechos con azúcar y grasa son baratos, y la situación económica a la que nos ha abocado la pandemia del Covid-19 nos puede impedir el acceso  a los alimentos que necesitamos.

Necesitamos educación nutricional actualizada y no anclada en dogmas equivocados.  Y también ingresos suficientes para poder elegir aquellos alimentos que nos permitan seguir la dieta adecuada para el ser humano

Dejar de consumir la comida procesada, limitar las ventanas de alimentación, seguir una alimentación baja en hidratos de carbono o una alimentación cetogénica , realizar ciclos de la Dieta que imita el Ayuno, practicar el ayuno intermitente, elegir alimentos con una alta densidad nutricional,  dormir lo necesario, control del estrés, ejercicio físico moderado, dosis adecuadas de vitamina D, suplementarse a partir de los 60 años o antes si nuestra alimentación no es la adecuada, o como medida preventiva contra el Covid-19, son estrategias que dependen de nosotros para mantener el sistema inmune en el mejor estado posible.

Nada se consigue de un día para otro. Todo requiere un proceso, ir paso a paso.

El primero tiene que ser abandonar los alimentos procesados, ricos en grasas y azúcar. Desde el punto de vista evolutivo no existe ningún alimento natural que tenga esa proporción de nutrientes. Es un tipo de alimentación inventada por el hombre, con el que conseguimos engordar de forma muy rápida a ratas de laboratorio en experimentos, y que nos está provocando problemas de obesidad y enfermedades metabólicas en todo el mundo. Esto nos hace ser más vulnerables a infecciones ya que desequilibra nuestro metabolismo y nuestro sistema inmune.

Después evitar alimentos con alto índice glucémico y, muy importante, limitar el número de comidas al día. Los alimentos deben de ser ricos en densidad de nutrientes. Dejar que el cuerpo permanezca sin alimento para no estimular la insulina el número de horas necesario, es vital para evitar enfermedades relacionadas con la hipersilinemia y la inflamación.

Con el tiempo podremos utilizar dos «herramientas» muy poderosas para optimizar nuestro estado de salud: la alimentación cetogénica y el ayuno. Permanecer en cetosis es un estado natural para el ser humano, consigue eliminar el origen de muchas enfermedades modernas, la hiperinsulinemia y la inflamación que trae consigo. En mi caso ha revertido el asma grave que padecía, la dislipemia, la tensión alta y me ha permitido perder grasa. He podido abandonar toda la medicación para esas patologías y hay miles de personas que han conseguido lo mismo.

La comunicación con el médico es muy importante, se producirán cambios en el metabolismo y necesitaremos cada vez menos medicación, y solo el médico puede facilitar ese proceso, hay que mantenerlo siempre informado.

El futuro no parece muy halagüeño. Las probabilidades que esta cepa desaparezca  a corto plazo como hizo el SARS son bastante bajas en un mundo sin fronteras. Puede que venga cada estación de invierno como la gripe estacional. Lo más probable, si no es ahora, será en un futuro, el 70% o más de la población acabaremos contagiados, para adquirir lo que se conoce como «inmunidad de rebaño». O en el mejor de los casos, aparece una vacuna y se erradica como ya ocurrió con la viruela, pero para eso harían falta unos 18 meses.  

Si no es este virus, será el próximo que venga, sucederá lo mismo otra vez y tenemos que intentar mejorar en aquello que depende de nuestras decisiones, no fiarnos de nada de lo que nos dicen, venga del «experto» que sea, buscar información por nuestra cuenta y aplicar el sentido común siempre.


2 comentarios en «Estrategias nutricionales para luchar contra el COVID-19»

  1. Increible artículo lleno de información de calidad, veraz y contrastada. Muchas gracias por cuidarnos y ayudarnos a mantenernos sanos!!!😉😉

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